martes, 23 de diciembre de 2014

Cenizas


Fotografía de Gonz@josé


            Al abandonar la autopista apago la película del DVD y observo por la ventana. Me gusta mirar el horizonte y ver ese árbol que une el cielo y la tierra como en las piezas de un puzzle, que con cada curva va de un extremo a otro de la ventanilla como una pelota errática. Al hacerse de noche, miro las estrellas, su titilar y el rastro que dejan con las vibraciones. La luna salta a la comba con los cables de la luz. Los cascos no me los quito, para no escuchar el crepitar de las palabras de mis padres.

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Este relato ha quedado finalista semanal en el concurso Wonderland de RNE

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El pasado 17 de diciembre, Carlos G. Barba publicó mi microrrelato «La guerra ideal» en su blog «Un cuento al día».

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La revista «Cuentos para el andén» seleccionó mi definición de «magia» para su diccionario de Saturno.
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InternacionalMicrocuentista me pidió que explicara mi proceso creativo y fue publicado en su blog el 19 de diciembre.


sábado, 6 de diciembre de 2014

Sueños emergentes

(Fotografía de Alex Timmermans)


            En el 115 de la calle Titanic, en los muelles de Southampton, hay un pub decorado como un camarote del transatlántico. Nunca abre las puertas. Allí se reúnen cada 14 de abril, a partir de las veintitrés cuarenta, algunos de los espectros de los ahogados en el naufragio y conversan de sus vidas no vividas. Ninguno nombra la catástrofe. Hablan de América, de la calle de New York donde con el tiempo abrieron el comercio; del trabajo duro como leñadores en los bosques de White Mountain; del despacho de abogados en Philadelphia; del oficio de tramoyista en Broadway; de lo que el futuro les deparó y, en fin, de cómo se realizó su sueño americano.

             En ocasiones la tristeza se agolpa en algún joven al que no lo esperó la novia o en el predicador que vio alejarse el bote salvavidas con su mujer y tres hijas y que nunca supo de ellas. A las dos y veinte de la madrugada, antes de que empiece a oírse la humedad, cuando el camarero solicita el desalojo del camarote, los náufragos se deslizan con indiferencia extraña hacia el puerto y se sumergen en el agua aprovechando la marea

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Este microrrelato ha resultado co-ganador en la propuesta del mes de noviembre (...en el camarote 115 del Titanic) del concurso «Esta noche te cuento». Como premio ha sido incluido en el libro «Las palabras contadas»




Pinchad AQUÍ si queréis leer el relato y los comentarios recibidos en el blog de los organizadores.Os recomiendo la lectura de los seleccionados y mencionados AQUÍ

martes, 11 de noviembre de 2014

Benicia y Justino en la Internacional Microcuentista






Hoy, con Benicia y Justino, los Montes de Toledo se ven desde todo el mundo. Nada más y nada menos que gracias al telescopio de Internacional Microcuentista.

Pinchad AQUÍ para visitar el blog de la revista. 

Para celebrarlo se van a preparar unas migas con chorizo.



Si quieres conocer en detalle a Benicia y Justino, móntate en esta burra. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

Función de noche




            Me he comprado unas gafas que detectan el calor del cuerpo humano y permiten ver en la oscuridad. Las llevaban unos soldados en una película moderna de esas que no entiendo. A mí las que me gustan son las que veía contigo, dados de la mano, en la última sesión de los sábados en el cine Coliseum, las mismas que luego volvieron a televisar presentadas por Carmen Sevilla. Por eso he pedido a nuestro nieto que me busque a buen precio una colección del cine español.

            En estas largas vigilias de insomnio y soledad me siento como encerrado en una filmoteca donde reponen todos los recuerdos. A veces lloro, igual que con las torturas en «El crimen de Cuenca», por un delito del que no soy responsable: sobrevivirte. Mas ahora volveré a ver las películas en mi habitación, con la luz apagada, y me reiré hasta perder la dentadura. Además, las noches que sienta tu calor a mi lado me colocaré las gafas esas, te daré la mano y te veré como cuando estábamos en la penumbra del cine, aunque sea todo en verde.

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Con este microrrelato he participado en la propuesta del mes de octubre (...en aquella película de los 70) del concurso «Esta noche te cuento». Pinchad AQUÍ si queréis leer el relato y los comentarios recibidos en el blog de los organizadores.

domingo, 26 de octubre de 2014

sábado, 11 de octubre de 2014

El corazón no entiende de mojones, finalista en Wonderland

(Fotografía manipulada de Lubomir Bukov)

            Todas las tardes, poco antes de la puesta del sol, Gloria se cruza con Emilio en la calle Real. Ella camina hacia la iglesia a rezar las cuentas de su rosario. Él se dirige a la taberna a orar con sus chatos de vino. Cuando se trenzan sus miradas, dulces, tristes, silenciosas, los corazones palpitan una danza desbocada y, aunque no se dicen nada, las sombras de sus almas, tercamente jóvenes, rumian las fiestas del Carmen de hace cincuenta y dos años. Bailaron durante toda la noche y se enamoraron para siempre..., pero las tierras de sus padres no lindaban.

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 Esta versión en cien palabras del microrrelato «El corazón no entiende de mojones» ha quedado finalista semanal del concurso Wonderland de RNE 4, del día 11 de octubre de 2014.

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Esta semana los Montes de Toledo se han visto desde Argentina:


Desde Córdoba: La escritora Patricia Nasello ha incluido el microrrelato «Sarmiento quebrado» en su antología digital de microficción «Piedra y nido». ¡Qué pasada! Allí entre tantos grandes autores. Muchas gracias, Patricia. Pinchad AQUÍ para leerlo.
Os invito a que os deis un paseo por su blog, encontrareis buenos relatos.


Desde Buenos Aires: El escritor  Guillermo Mayr  mantiene una antología digital en su blog «El jinete insomne» y allí se ha llevado mis «Flores de la Memoria», flores para no olvidar. ¡Alucino!. Muchas gracias, Guillermo. Pinchad AQUÍ para leerlo.
No dejéis de daros un paseo por su blog, merece la pena.




sábado, 4 de octubre de 2014

Palestina



            Lo que más sorprendió a los delegados de las Naciones Unidas —que en está ocasión tampoco llegaron a tiempo— fue no encontrar ningún arma, ni balas, ni casquillos. En el campo de batalla, esparcidos entre los cuerpos de los soldados de ambos bandos, se hallaron fotografías de las mujeres y de los hijos, cartas a las novias, cantimploras, pañuelos, kipás, tasbihat, latas de sardinas y un fuerte olor a tomate frito. Hasta tal extremo surgió la incredulidad de los observadores que los muertos, al sentirse descubiertos, se levantaron y se marcharon abrazados a orar al único Dios.

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Este microrrelato ha sido llevado por Pablo Garcinuño a su espacio "Literatura en corto" del programa Hoy por hoy Ávila Cadena Ser.
Voy acompañando a otros amigos: Miguel ÁngelPergaz, Pablo Gonz y Manu Espada.

Pinchad AQUÍ si queréis oírlo en la radio.

domingo, 28 de septiembre de 2014

El pescador de lágrimas, finalista en Wonderland





             En Ibiza, enganchada entre sus redes, un pescador ha recuperado un ánfora fenicia llena de lágrimas. Lo supo por el aroma de llanto. Son de las mujeres de los pescadores que el mar se quedó. Una de ellas, la más cristalina, le ha reflejado el rostro de su padre y ha emitido la fragancia de su madre.
            Después de abismar la vasija en el mar y empujado por brisas de gaviotas, ha remado rápido a puerto con deseos de abrazar a su mujer y decirle a su madre que ya no hace falta que vuelva a llorar en el acantilado.

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 Esta versión en cien palabras del microrrelato «El pescador de lágrimas» ha quedado finalista semanal del concurso Wonderland de RNE 4, del día 27 de septiembre de 2014.

viernes, 19 de septiembre de 2014

La guerra ideal



A mi hijo David

            Las figuras del ajedrez, en perfecta ordenación, son ejércitos dispuestos a matarse por defender a su rey. Cuánto más me gustan amontonadas en la caja, las fichas mezcladas, ya sean blancas o negras, al margen del rango y sexo, tumbadas unas sobre otras, en una hermosa orgía bicolor. Ojalá así fueran las guerras de verdad: una reina bajo un peón, el rey besando al alfil, dos torres de la mano sin que nadie las mire mal, y un final en tablas, sin vencedores ni vencidos.

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Con este microrrelato he participado en la propuesta del mes de septiembre (...tras la batalla) del concurso «Esta noche te cuento». Pinchad AQUÍ si queréis leer el relato y los comentarios recibidos en el blog de los organizadores.

domingo, 31 de agosto de 2014

Hematófago


            Siempre me han gustado los murciélagos. En la troje de la casa de mis abuelos en el pueblo habitaban media docena. Creo que por su culpa y mi depravación me aficioné al tabaco. En la hora de la siesta echábamos nuestros pitillos y charlaba con ellos. Al principio no me contestaban, pero en contra de su fama son bastante agradables. Adquirí sus costumbres, me gustaba subirme a un árbol y observar el mundo colgado del revés. Este hábito no lo he perdido, algunas noches desengancho la bicicleta del techo de la terraza y me cuelgo bocabajo. Veo el cielo a mis pies y la calle sobre mi cabeza. Las luces de las farolas parecen estrellas, y estas charquitos.
            Cuando hay luna llena echo en falta la capacidad de volar para acompañarlos en sus cacerías, por eso no tengo más remedio que caminar hasta el parque y buscar la víctima.

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Con este microrrelato he participado en la propuesta del mes de agosto («...bajo la luna llena) del concurso «Esta noche te cuento». Pinchad AQUÍ si queréis leer el relato y los comentarios recibidos en el blog de los organizadores.

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Este microrrelato fue finalista en el Concurso 3x200 que Cuentos para el Andén organizó con motivo de La noche de los libros, Madrid 2014.

jueves, 21 de agosto de 2014

La pluma (wieczne pióro)

(A mi padre y mi hija)

            Cuando regresé del viaje de novios tenía trabajo pendiente, mi editor estaba de los nervios, con la boda había retrasado la entrega del último cuento necesario para publicar el tercer libro de relatos. Sara también debía finalizar unos diseños. Decidí irme a la casa del pueblo. No era extraño escaparme a mediados de semana y, en aquel ambiente de mi niñez, tirar de las alforjas de la memoria para crear cuentos o columnas.
            Estaba avanzado el otoño, amenazaba tormenta, por eso preferí escribir en el despacho que había sido de mi padre, rodeado de libros y objetos de mis antepasados. Hasta la gran emigración de los años sesenta fue la casa del maestro. Luego siguió siéndolo, pero ya era un pueblo sin maestro ni escuela ni niños.
            El despacho era —y es— amplio, con una gran estantería llena de libros en una pared. En otra: cuadros, fotografías, títulos que ascendían la colina de la familia hasta el siglo XVIII y que se calentaban junto a la chimenea. Al fondo, delante de una gran cristalera abierta al patio, la mesa de madera en la cual mi padre escribía sus versos y novelas. En ella colocaba yo el ordenador y tecleaba mis historias que eran verdaderas aunque no hubieran ocurrido.
            Recuperé el documento donde había iniciado el relato sobre un escritor —yo—, al cual le acaban de comunicar que iba a ser padre primerizo de una niña —más yo—, y empieza a imaginarse un futuro para esa hija: cómo le instruiría en la labranza de lo literario, el sembrado de las palabras, el riego de la poesía y al final le pasaría las cosechas de autor bajo la promesa de cuidarle en su último capítulo. No voy a desvelar más para no nublar la posible lectura.
            Aquí, en los montes, son frecuentes las tormentas. No nos asustan pero las respetamos, pues sabemos casos de incendios, muertos por la chispa, árboles y rocas partidas. A media tarde, cuando los primeros truenos empezaron a sonar, salvé el documento y apagué el ordenador. Decidí seguir escribiendo en folios de impresora que ya transcribiría después. Continué el relato con el bolígrafo que siempre llevo junto a la libreta de notas, pero al poco se agotó la tinta. Enredando en los cajones encontré la pluma estilográfica negra que le habíamos regalado a mi padre cuando se jubiló. Estaba seca, pero hallé cartuchos llenos. Fue trazar las primeras líneas y recordarle, sentirme él. Las frases que me salían parecían sacadas de su prosa, de sus versos. Lo recuerdo porque escribir sobre asuntos del pueblo me cuesta trabajo. Pero con la pluma de mi padre aquello era más fácil. Quizás fueran sentimientos que se le quedaron en el tintero, o el cálamo, como lo llamaba él. Estando en estas transmutaciones literarias el cielo se encendió y un trueno hizo quejarse a todas las maderas. Dejé la estilográfica en el escritorio y salí a la puerta de la calle a ver la tormenta: llovía intensamente y los cantos rodados del suelo de la calzada, cubiertos por una gasa de agua, lucían multicolores. De pronto otro rayo partió el cielo y fue sujetado por la torre del ayuntamiento. El estruendo ensordeció mis oídos, me congeló el corazón. Cerré la puerta y volví adentro.
            Cuando entré en el despacho mi padre estaba sentado en el escritorio mirando su manuscrito, con la pluma en la mano. Se volvió y me dijo:
            —¡Ah!, eres tú, menuda la que está cayendo —Y, ajustándose las lentes, prosiguió.
            No me resultó extraño encontrarle tratando de escribir en los folios, sabía que en algún momento iba a ocurrir. Justo antes de morir —hacía una década—, me pidió que le terminara de pasar a limpio las cuartillas donde narraba la numantina defensa de su vida, la de sus padres y hermanas, en su casa —esta—, siendo un joven de apenas dieciséis años, cercados durante cincuenta y cinco días por turbas asesinas. No pude.
            —Lo intenté, papá —le dije, justificándome.
            —Lo sé —me respondió—, pero no descansaré hasta...
            Me tendió la pluma. La cogí. Se levantó y, acercándose a la chimenea apagada, dijo que hacía frío.
            Me senté, leí sus últimas frases, aquellas palabras que me paralizaban cada vez que quise proseguirlas: «A media noche oí unos pasos en la escalera que retumbaban como si fueran las botas de alguna persona. Oí el “miau” del gato y eso me tranquilizó,».
            La última frase estaba escrita de tal modo que parecía que a la pluma se le extinguiera la tinta: un trazo de cordel transformándose en hilo y terminando en una coma deshilachada. Así fue. Se le iba la tinta de la vida, murió un día después. Tras esa coma estaban su sufrimiento y mi existencia, esa fue la causa por la cual nunca pude acabarlo.
            El patio se iluminó con otro estruendo. Sentí frío. Me volví para decirle que aún no estaba preparado.
            —¡Ah!, hija, eres tú, menuda la que está cayendo —dije, tras lo cual me ajusté las gafas y continué intentando transcribir la frase siguiente a aquella coma paralizante.

            —Papá, déjame que prosiga yo... —me dijo, cogiéndome la pluma de su abuelo con la mano—. Así podéis descansar en paz los dos.

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Relato incluido en el nº 27 de la revista «¿Español? Sí, gracias», publicada en Polonia por la Editorial Colorful Media para aprender español de los Montes de Toledo. Va acompañado de un amplio vocabulario en polaco.

Pinchad en las fotos para ver el original y aprender algo de polaco.


miércoles, 30 de julio de 2014

La prospección del Oeste

American Progress 1872, de John Gant.


            Desde lo alto de la colina, una chistera contempla el duelo que se desarrolla en la llanura. Una pluma avanza para batallar contra un sombrero. Ambos galopan en sentidos contrarios. Una flecha, en el carcaj, y un arco defienden a la pluma; una bala, en el rifle, arma al sombrero. La chistera enciende un cigarro puro. Unos mocasines golpean unos ijares, unas botas con espuelas de estrella, los otros. La pluma tensa el arco; el sombrero apunta con el rifle. La chistera se limpia el sudor. La flecha y la bala rajan el aire, se cruzan, se ignoran. El plomo desgarra la carne rojiza; la madera penetra en la guerrera azul. La pluma y el sombrero caen sobre la arena del desierto. Mana la sangre. Brota el petróleo. La chistera sonríe.

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Con este microrrelato participo en la convocatoria organizada por David Moreno (No Comments) cuyo premio es un ejemplar de su libro de microrrelatos «microSeñales de Humo» 
Si queréis leer mi micro en el blog del organizador, pinchad AQUÍ 
Si queréis leer los otros micros que sobre "nativos americanos" se han presentado, descargaros el PDF, pinchando AQUÍ


miércoles, 9 de julio de 2014

Anamnesis

(Posada de la Sangre - Toledo 1930)

            A mi abuelo lo habían matado en la guerra. Mi padre, que entonces tenía nueve años, nunca me habló de ello. Siempre que pasábamos por las ruinas del Parador de San Prudencio me hacía detener el coche. Con la cabeza gacha apoyaba la mano en el muro. Luego, con lágrimas en los ojos, miraba el valle del Tiétar.

            La otra noche regresábamos de Talavera en la furgoneta, al tomar la curva que enfila la posada me deslumbraron unos focos y fuimos a estrellarnos al portalón. Aturdidos nos bajamos, metimos el carro en el patio y desenganchamos las mulas. No advertí nada extraordinario. El posadero le llamó «¡Benito!», como a mi abuelo, y a mí «zagal», y me dijo que diera de beber a las caballerías. Me dejaron solo. Al poco, llegó un camión lleno de hombres armados. Lo vi todo, a culatazos sacaron a mi padre, a otros arrieros, al ventero y a su mujer. Les dispararon en la cabeza. ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!

            Al rato sentí que me hablaban, oí entre sueños la sirena de una ambulancia. Cuando me recuperé estaba aquí, en el hospital. Más tarde me dijeron lo del accidente y que él había muerto. ¿Entiende?
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(Parador de San Prudencio N-502)

Con este microrrelato participo en la propuesta del mes de abril («...en un hotel de carretera) del concurso «Esta noche te cuento». 
           
Pinchad AQUÍ si queréis leer el relato y los comentarios recibidos en el blog de los organizadores.

jueves, 26 de junio de 2014

Sarmiento quebrado



              Como un vástago arrancado de la cepa me sentí cuando tuve que abandonar mi tronco, mis surcos, el olor a tierra regada, el sabor del tocino, el vino seco de la bota y a mi gente para ir a la guerra.
            Mi madre: aroma de heno, silencios amorosos, aljibe de consuelos, troje de recuerdos, tacto rugoso de su lana. Su toquilla.
            Mi María: aquel beso en los caños, como brisa del atardecer, suave y tímido, pluma acariciando mis labios; su cuerpo en la era, la cabeza sobre la albarda; el brillo de sus ojos, el cielo en la tierra. Su chal.
            Mi Carmencita: queso ahumado con jaras, sabor a pan recién horneado, risas de jilgueros en flor, simiente de esperanzas; acariciar su piel, pasar la mano por la mies. Su mantilla.
            La matanza. Cuerpos socarrados abiertos en canal. Barrigas hinchadas. Carne chamuscada. Tripas serpenteantes. Moscas a la sangre coagulada. Chicharras con gritos de espanto. Miradas acres de árboles calcinados. Hedor de cadáveres sazonados con pólvora. Matarifes en retaguardia.
            En el rastrojo, entre espigas humanas segadas y con el cielo azul por mortaja, veo tres estrellas de luto: decidles que no me esperen para la vendimia.
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lunes, 16 de junio de 2014

Geometría sentimental



            ¡Buagh!, vomito, un kilómetro de pasillos, decenas de puertas y siempre os cruzáis en esta, con ese roce de carpetas y el falso saludo de colegas, como si no supieran todos que te acuestas con él, como si yo no oyera por la noche el navegar de sábanas. Te ha dejado la pizarra llena de dibujos, hoy son los tipos de laberintos: el de mazes, el de caminos alternativos, igual que las amigas que se ha traído a casa, pero nunca para quedarse, se las comió en una noche; el univiario, el clásico, el más sencillo y no encuentras la salida, ¿estás secuestrada? En la anterior clase dibujó las curvas de una mujer, el rubor te brotó al reconocerte y lo borraste de inmediato. Hoy los dejas, nos aburres con la civilización minoica, con tus dedos caminas por el encerado desde la Puerta de los Leones hasta el centro del laberinto, y allí paras. En tus ojos veo el toro y el deseo.

            Tantos planos, papá, y no sabes que la línea recta es la distancia más corta entre tú y yo.

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Ilustración de Miguel Jiménez Salvador

Con este microrrelato participo en la propuesta del mes de abril («...en el laberinto») del concurso «Esta noche te cuento». 
           
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viernes, 6 de junio de 2014

Viejos amigos, una aproximación al mundo de la vejez


La idea del escritor Pablo Gonz de hacer un audiolibro de microrrelatos en homenaje a nuestros mayores (Ver mi entrada Viejos amigos -Audiolibro) ha sido llevado por Internacional Microcuentista a una bella antología en formato digital que podéis leer a continuación, e incluso descargar.
Mi aportación es El corazón no entiende de mojones, en la página 34, pero sin duda los mejores relatos son los demás.

jueves, 29 de mayo de 2014

En «Letras en audio»


Los Montes de Toledo se ven y se escuchan desde Argentina.

En la radio cultural «El mundo en voz» de Rosario, Argentina, dirigida por Nerina Thomas, escritora y poeta perteneciente al grupo de Poetas Andaluces de Ahora se emitió el pasado 28 de mayo el programa nº 6 de «Letras en Audio» realizado por Jone Miren Asteinza ( Nerim). En esta ocasión estaba dedicado a los microrrelatos.

Acompañado de algunos de los mejores linces del género he leído tres de mis micros que podéis escuchar a partir del 8'48". No obstante os recomiendo la audición completa, cuyo contenido podéis ver en la página del blog de Nerim.


Los micros que leo (bueno, estoy aprendiendo a leer) son:





domingo, 25 de mayo de 2014

Isla Isabel



            Era hermosa de cintura para arriba, quizás la más lozana de las mozas, pero una enfermedad infantil le había dejado las piernas quebradas. En la treintena tuvo un hijo. Su padre dijo que la había forzado un vagabundo que pasó la noche en el pajar. Nadie vio al forastero. Su madre calló. Isabel, sin embargo, anheló el hijo.
            Cuando las mujeres de rosario le quitaron el niño fruto del pecado y lo entregaron en el hospicio de Talavera, ella se marchó a dos leguas de la aldea y se puso a llorar. Poco a poco se fue formando una laguna a su alrededor. En el centro, donde Isabel soportaba su pena, brotó una isla de sal. Allí vivió muchos días, los pájaros le llevaban la comida y el rocío el agua. Los escasos vecinos que pensaron en ir a socorrerla desistieron para no desatar la ira y ser también desmembrados del pueblo.
          Un día dejó de llorar. Ante el recelo de que desapareciera la laguna, las frecuentes oraciones y el sacar a pasear los santos trajeron las lluvias. Diluvió. Al descampar, Isabel no estaba. La isla permanece. Espera.

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Con este microrrelato participo en la propuesta del mes de abril («...en la Isla de las Mujeres») del concurso «Esta noche te cuento».

Pinchad AQUÍ si queréis leer el relato y los comentarios recibidos en el blog de los organizadores.

jueves, 15 de mayo de 2014

La hora de las hoces


            La tripa se me ha hinchado, al principio lo achaqué a las cervecitas que me tomaba en las largas jornadas sin trabajar. Se acabó el dinero, ya no bebo, pero la barriga se sigue inflando. Debe de ser contagioso pues a mis hijos les ocurre lo mismo. María, sin embargo, ha perdido muchos kilos, durante unos meses ha vuelto a estar joven, pero no se ha mantenido, ya apenas tiene pechos y se le notan las costillas.
            Vuelven los tiempos de mesas camillas, braseros, cabrillas en las piernas, sabañones en las orejas, bufandas en casa, luces de diez vatios y Ustedes son formidables. Vuelven las raciones de pan con dedo, las sopas de gallina, el cuartillo de leche y el mañana se lo paga mi madre. Vuelven los dones, don Tal y don Cual, la misa del domingo, la confesión de nuestros pecados y el deme algo por caridad.
            Después de unos meses de espera nos han dado hora para el médico de la Beneficencia. Lo que son las cosas, ni nos ha reconocido, ni diga treinta y tres, ni tosa, ni nada de nada. Nos ha entregado una estampita a cada uno —a mí de Escrivá de Balaguer, a María de la Virgen del Rocío, los niños miran con ansia una del Cordero Pascual—, y que les recemos tres veces al día, cada ocho horas, y que si no notamos mejoría nos acerquemos a Cáritas, que allí quizás puedan hacer algo por nosotros y que pase el siguiente.

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Esta es mi aportación  a la  convocatoria  “Primavera de microrrelatos indignados 2014. Si quieres leer más  indignados, visita el blog del organizador La colina naranja, pincha AQUÍ  

miércoles, 23 de abril de 2014

El túnel


            En la cárcel de la Isla Rikers, Nueva York, a modo de tortura psicológica —eso se cree el alcaide, que ha clausurado la biblioteca—, todos los lunes entregan a los reclusos las hojas de una novela rosa, una hoja a cada uno, salteadas y con la numeración amputada. Durante las horas de paseo, en los comedores e incluso mediante susurros nocturnos entre celdas, los presos hablan entre ellos, se cruzan información, indagan el tiempo cronológico, establecen la aparición de los personajes, aúnan los escenarios comunes y secuencian los conflictos. En los recuentos se colocan en el orden de la trama que van desentrañando.
            Lo que desconoce el alcaide es que para los penados es como estar cavando un túnel pues todos los finales que construyen les llevan a la libertad.


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Con este microrrelato participo en la propuesta del mes de abril del concurso «Esta noche te cuento». 
           
Pinchad AQUÍ si queréis leer el relato y los comentarios recibidos en el blog de los organizadores.


miércoles, 16 de abril de 2014

Viejos Amigos - Audiolibro


Los Montes de Toledo se ven (y se oyen) desde Chile.

El escritor Pablo Gonz se propuso hacer un audiolibro de microrrelatos en homenaje a nuestros mayores. Este es el resultado:
UNA APROXIMACIÓN LITERARIA AL MUNDO DE LA VEJEZ.

Reúne 69 microrrelatos de 47 autores leídos por 5 locutores, procedentes de seis países: Argentina, Chile, Perú, Colombia, México y España.
Podéis escuchar y descargar GRATIS el mp4 AQUÍ, y hacer un buen regalo a vuestros mayores.
Gracias, Pablo

Yo participo con «El corazón no entiende de mojones» que podéis escuchar a partir del minuto 28'30".  Locutor: Álvaro Morgan . Si lo quieres leer, está AQUÍ.

martes, 8 de abril de 2014

Abrazos (Objęcie, Uścisk)



(A Cristina y Helena)

            —Pero ¿qué está pasando aquí? —pensé cuando el líquido en el que vivía desde hacía unos meses se escapaba.
            Hasta la fecha me las había apañado muy bien solito en mi mundo: aparte de dormir, comer y dar alguna que otra patada, no tenía mucho que hacer, salvo chuparme el dedo.
            Me pasaba todo el día con mi mamá, allí donde fuera, yo la acompañaba. De mi papá poco podía decir, solo que al llegar del trabajo me solía despertar del sueño nocturno.
            Cuando me quedé sin líquido en el que moverme experimenté una sensación extraña, pero enseguida, al percibir aún más la cercanía de mi madre, me sentí seguro. Este estado duró poco tiempo, pues pronto empecé a notar que me presionaban. Yo estaba boca abajo y no podía moverme. Bueno, la verdad es que últimamente disponía de poco espacio para desplazarme, pero como con todo, uno termina habituándose. Mi mamá no paraba de trajinar por todos lados hasta que la fuerza empezó a ser periódica. Esto no me había pasado nunca.
            Al poco vino mi padre, cosa extraña que volviera del trabajo tan temprano, y salvo cada diez minutos que mi madre se sentaba, no dejábamos de movernos de un lado para otro. Sin embargo, justo al pararse era cuando a mí me empujaban con mayor intensidad, y mamá empezaba a respirar de una forma a la que no me tenía acostumbrado, produciendo un sonido que nunca había oído.
            En el momento en que la presión que sentía en la espalda y por todos lados se hizo muy intensa, a mi padre le dio por darnos un paseo en coche, y además dando muchos frenazos y haciendo sonar la bocina constantemente.
            Al rato parece que todo se relajó un poco, y noté cómo mi madre se acostaba, pero también empecé a preocuparme porque la oía dar voces. Yo sentía cómo mi cráneo empujaba hacia un pequeño agujero que poco a poco se iba agrandando. Me empezó a doler mucho la cabeza y el oír gritar a mi mamá no me ayudaba nada. El sufrimiento fue en aumento, más intenso y fuerte. Gritos de mi madre. Tortura. Daño. Tormento. El corazón me latía muy deprisa y el de mi mamá también, aquel maldito hueco era muy estrecho y otra vez. Gritos. Dolor. Suplicio. Y así hasta un último empujón que hizo que mi cabeza saliera del vientre de mi madre.
            —Vamos, un esfuerzo más, que ya ha pasado lo peor —oí decir a una voz desconocida.
            Cuando por fin todo mi cuerpo pasó por aquella puerta, mis dolores desaparecieron y mi mamá dejó de gritar. Abrí un poco los ojos y, con los pies arriba y la cabeza abajo, vi por primera vez a una mujer que me tenía sujeto por los tobillos, momento que aprovechó para darme una azotaina. El aire entró por la nariz y salió con rapidez por mi boca un sonido extraño, pero que pareció alegrar a la comadrona, pues me dio la vuelta y con las manos enguantadas me abrazó protocolariamente, como se abraza a cualquier extraño al que ayudas y luego te da las gracias, era mi deber, mi trabajo, no te preocupes, una palmadita en la espalda y a otra cosa. Supongo que la buena señora estaba acostumbrada a recibir nuevos personajillos en este mundo y tendría ganas de irse a fumar un cigarro, de modo que este abrazo, el inaugural de mi vida, fue un poco de compromiso, algo así como: «Bienvenido, chaval, que me has fastidiado la final de Gran Hermano». La verdad es que lo recuerdo con mucha ilusión, y dado que aquella mujer fue el primer humano que vi, la constituí en mi patrón de belleza.
            Del segundo abrazo que recibí me acuerdo de todo: el cariño, la ternura, el contacto de mi piel sobre la suya, los labios sobre mi cara, unas manos que me abarcaban todo, y las palabras que lo acompañaban. Mi manita agarrando su inmenso dedo índice mientras que con el pulgar me contaba los deditos, luego con la otra, y los besos en la frente y en los ojos, el susurro, el mi cielo, mi amor, qué guapo es, a quién se parece. Sobre todo recuerdo el halo de amor que mi mamá emanaba y me abrazaba por todo el cuerpo, que nunca en mi vida olvidé ni dejé de sentir. Si la comadrona era la unidad de belleza, la de mi madre era el infinito, y eso que acababa de sufrir mucho, que cuando días después la vi sin dolor, fue el infinito y más allá. Lo mismo me pasó con el abrazo, ningún otro llegará a alcanzar el clímax de amor que el que me dio mi mamá aquel primer día.
            De pronto me apartaron del paraíso y en volandas me depositaron en los brazos de un hombre joven que, por la lágrima que le salía a modo de estigma, deduje que era mi padre. A pesar de tener los brazos musculosos y las manos fuertes, su abrazo era flácido, sin sustancia, dejándome caer la cabeza hacia atrás de forma que apenas me permitía verle. Queriendo pero no sabiendo cómo ni dónde tocarme y besarme, me dio un tímido beso en la frente y, mudo, sin saber qué decir ni hacer conmigo, mirando a los demás, me entregó en los brazos de mi abuela. Y pues eso, que papá debería mejorar mucho para acumular unidades de belleza, y realizar muchas prácticas para aprender a abrazar, pero de eso ya me encargaría yo, a partir de la primera noche en vela.
            Y el abrazo con el que me recibió mi abuelita…, pero eso es otra historia.

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Relato incluido en el nº 26 de la revista «¿Español? Sí, gracias», publicada en Polonia por la Editorial Colorful Media para aprender español de los Montes de Toledo. Va acompañado de un amplio vocabulario en polaco.

Pinchad en las fotos para ver el original y aprender algo de polaco.