¡Buagh!,
vomito, un kilómetro de pasillos, decenas de puertas y siempre os cruzáis en
esta, con ese roce de carpetas y el falso saludo de colegas, como si no
supieran todos que te acuestas con él, como si yo no oyera por la noche el
navegar de sábanas. Te ha dejado la pizarra llena de dibujos, hoy son los tipos
de laberintos: el de mazes, el de
caminos alternativos, igual que las amigas que se ha traído a casa, pero nunca
para quedarse, se las comió en una noche; el univiario, el clásico, el más sencillo y no encuentras la salida,
¿estás secuestrada? En la anterior clase dibujó las curvas de una mujer, el
rubor te brotó al reconocerte y lo borraste de inmediato. Hoy los dejas, nos
aburres con la civilización minoica, con tus dedos caminas por el encerado
desde la Puerta de los Leones hasta el centro del laberinto, y allí paras. En
tus ojos veo el toro y el deseo.
Tantos
planos, papá, y no sabes que la línea recta es la distancia más corta entre tú
y yo.
* * *
Ilustración de Miguel Jiménez Salvador
Con este microrrelato participo en la propuesta del mes de abril («...en el laberinto») del concurso «Esta noche te cuento».
Pinchad AQUÍ si queréis leer el relato y los comentarios recibidos en el blog de los organizadores.





