El
célebre escritor Jonathan Jiménez Montoya revela que el origen de todos sus
cuentos surge de una casualidad. Se le presentó mientras recogía comida y
objetos de valor indigente entre los residuos del vertedero de Valdemingómez.
Allí, como un diminuto «Aleph» de color amarillo, entre compresas y mondas de naranjas,
encontró una canica con las ideas que le han llevado a ser uno de los
escritores más comerciales de las escombreras de la literatura. Dice que,
dentro de dicho objeto, ve parejas enamoradas, ve noches con pátina láctea, ve
amaneceres añiles, ve navajas introducirse en cuerpos desnudos, ve manantiales
de sangre derramada, ve campanas que lloran a muerto…, y ve a Beatriz alejándose
de la mano con un payo.
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