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lunes, 28 de mayo de 2018

Hombre primitivo

(Foto tomada de Internet)

Como paleontólogo, observando con detenimiento una tibia y un trocito de rótula, puedes reconstruir gráficamente cómo eran las mujeres hace millones de años, y, sin embargo, no eres capaz de darte cuenta de que ese «¿Vas a salir con la falda por encima de la rodilla?», es acoso.

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Mi participación en el IV Certamen YK Accesorios. Tema libre, extensión de 50 palabras, siendo obligatorio incluir «por encima de la rodilla»

jueves, 19 de mayo de 2016

«La última cena» en Audio Lecturas



La poeta y escritora Jone Miren Asteinza (Nerim) ha puesto voz a uno de los microrrelatos que me gustaría no haber tenido que escribir. La escena del arroz es real.

Pinchad AQUÍ para escuchar y leer el micro «La última cena».

Os animo a que naveguéis por su blog Audiolecturas y escuchéis cuentos de grandes autores, y que os perdáis entre sus poemas y relatos en el blog Cajón secreto.

martes, 5 de abril de 2016

Ciclo de lavado



            María saca la ropa de la lavadora, la tiende en las cuerdas del patio, en el extremo está María que recoge las prendas secas y las lleva al cesto de mimbre donde está María, que las plancha, las dobla y las traslada al dormitorio donde está María haciendo el amor con su marido, que insatisfecha se dirige al cuarto de aseo donde está María bañando a los niños, que recoge la ropa sucia y la acarrea a la cocina donde está María, que deja de guisar para portarla a la terraza donde está María, que la introduce en la lavadora.

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Este microrrelato ha resultado finalista semanal el 02/04/2016 en el programa Wonderland de Ràdio 4 de Radio Nacional de España.  Pincha AQUÍ si quieres leer en la página oficial el ganador y los otros finalistas.


domingo, 3 de enero de 2016

Candor

(Ilustración realizada por Miguel Ángel Pérez para este microrrelato)

            Antes de que vuelva Papá Noel debo estar dormida pues es el único que de verdad existe. Bueno..., él y el Ratoncito Pérez. Las pasadas Navidades descubrí que los Reyes Magos eran mis padres. Los encontré acostados junto al árbol de Navidad cuando me levanté corriendo a por mis juguetes. Mamá tenía en la mano la botella de anís vacía. El cubo del agua para los camellos lo llevaba papá metido en la cabeza como un sombrero. Ambos estaban desnudos y los regalos permanecían aún sin envolver.

Madrid, 30 de noviembre de 2012

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Este microrrelato y la ilustración fueron incluidos en la antología Despojos del Rec, de Bombín Rojo Editores, publicado en mayo de 2014.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Ayman

(Cuadro de Dora Alis Mera)

            Mi nombre significa afortunado, y lo fui. Tengo en la jaima un diario de viaje en francés donde mi madre hacía descripciones, escribía sentimientos, poesías y pequeños relatos, como este; también pintaba paisajes, personas y a mi padre (ojos color oasis, dientes sonrientes, barba rizada). A mí me dibujó muchas veces, en las últimas páginas, un bebé que parece un vellón con cara de dátil. Únicamente dispongo de una imagen de mi madre, un autorretrato en un manantial que refleja su rostro de agua y una palmera. Solo puedo soñarlos así, a lápices de colores, murieron cuando yo apenas contaba unos meses. Y sé cómo fallecieron porque ella lo dejó escrito. Se perdieron en el desierto del Teneré y se les terminó la gasolina. Al agotarse el agua mi padre se hizo un pequeño corte y nos dio de beber su propia sangre. Fue el primero en morir. Luego, mi madre hizo lo mismo. En su última noche, cuando vio el final próximo, describió el silencio de arena, el refulgir del firmamento, el horizonte nimbado y me pidió perdón. Sin embargo, el diario termina con una frase en árabe, por eso sé que murió sabiendo que yo viviría.


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Con este microrrelato participo en el concurso Esta noche te cuento  que con motivo del centenario del nacimiento de Frank Sinatra había que inspirarse en su canción «My way».

AQUÍ podéis leer el relato en la página de los organizadores.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Bricolaje

(Imagen tomada de la red)


            Mamá se ha propuesto ser una auténtica profesional, hoy lo probará con la pistola. Lo pensó anoche mientras veíamos la televisión desde las sillas. Dijo que era la única manera de terminar con la presencia de mi padre. Mamá lo ha intentado con todo: con la espátula casi se corta las venas; con el cuchillo medio se salta un ojo; de tanto restregar con abrasivos tiene desollados los nudillos, las uñas manchadas de rojo y los ojos deslucidos de las emanaciones. Sí, creo que con una pistola decapadora podrá eliminar el olor que papá nos legó incrustado en el sillón.

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Este microrrelato ha resultado finalista semanal el 19/09/2015 en el programa Wonderland de Ràdio 4 de Radio Nacional de España. Pincha AQUÍ si quieres leer en la página oficial el ganador y los otros dos finalistas.

martes, 12 de mayo de 2015

El trato


            Moldeó en arcilla el vientre de una mujer —manantial de vida—, sobre él depositó un amuleto de ámbar —símbolo del sol y los espíritus como testigos— y otro de hierro —signo de firmeza en el compromiso—, como señal de que una de sus futuras hijas me sería entregada para un hijo mío y así asegurar la supervivencia de mi grupo. A cambio le entregué pieles de osos y comida para el camino.



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Con este microrrelato he participado en el concurso Calendario Microcuentista 2016, que llevará esa fotografía para el mes de abril. Pinchad AQUÍ si queréis leer ganador y finalistas. 

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Javier Merchante, de La Taberna del Callao, ha puesto voz al micro:


domingo, 22 de marzo de 2015

Picazones



             El palo de roble tallado que tenía Doña Mariana para rascarse la espalda terminaba en una pequeña mano cóncava. La artrosis le impedía hacerlo sin esa ayuda. Los picores comenzaron hace cinco años, justo la misma tarde en la que su hija abandonó el pueblo con una maleta de madera y una vergüenza.
         Cuando Don Sebastián se murió fue enterrado con su honor y Mercedes trajo a Pablito. Doña Mariana ya no siente picazón, sin embargo le gusta llamar al nieto para que le friccione la espalda, quiere sentir esa mano tierna acariciando la piel mientras sonríe a su hija. 

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Este relato ha quedado finalista semanal (21/03/2015) en el concurso Wonderland de RNE.


martes, 8 de abril de 2014

Abrazos (Objęcie, Uścisk)



(A Cristina y Helena)

            —Pero ¿qué está pasando aquí? —pensé cuando el líquido en el que vivía desde hacía unos meses se escapaba.
            Hasta la fecha me las había apañado muy bien solito en mi mundo: aparte de dormir, comer y dar alguna que otra patada, no tenía mucho que hacer, salvo chuparme el dedo.
            Me pasaba todo el día con mi mamá, allí donde fuera, yo la acompañaba. De mi papá poco podía decir, solo que al llegar del trabajo me solía despertar del sueño nocturno.
            Cuando me quedé sin líquido en el que moverme experimenté una sensación extraña, pero enseguida, al percibir aún más la cercanía de mi madre, me sentí seguro. Este estado duró poco tiempo, pues pronto empecé a notar que me presionaban. Yo estaba boca abajo y no podía moverme. Bueno, la verdad es que últimamente disponía de poco espacio para desplazarme, pero como con todo, uno termina habituándose. Mi mamá no paraba de trajinar por todos lados hasta que la fuerza empezó a ser periódica. Esto no me había pasado nunca.
            Al poco vino mi padre, cosa extraña que volviera del trabajo tan temprano, y salvo cada diez minutos que mi madre se sentaba, no dejábamos de movernos de un lado para otro. Sin embargo, justo al pararse era cuando a mí me empujaban con mayor intensidad, y mamá empezaba a respirar de una forma a la que no me tenía acostumbrado, produciendo un sonido que nunca había oído.
            En el momento en que la presión que sentía en la espalda y por todos lados se hizo muy intensa, a mi padre le dio por darnos un paseo en coche, y además dando muchos frenazos y haciendo sonar la bocina constantemente.
            Al rato parece que todo se relajó un poco, y noté cómo mi madre se acostaba, pero también empecé a preocuparme porque la oía dar voces. Yo sentía cómo mi cráneo empujaba hacia un pequeño agujero que poco a poco se iba agrandando. Me empezó a doler mucho la cabeza y el oír gritar a mi mamá no me ayudaba nada. El sufrimiento fue en aumento, más intenso y fuerte. Gritos de mi madre. Tortura. Daño. Tormento. El corazón me latía muy deprisa y el de mi mamá también, aquel maldito hueco era muy estrecho y otra vez. Gritos. Dolor. Suplicio. Y así hasta un último empujón que hizo que mi cabeza saliera del vientre de mi madre.
            —Vamos, un esfuerzo más, que ya ha pasado lo peor —oí decir a una voz desconocida.
            Cuando por fin todo mi cuerpo pasó por aquella puerta, mis dolores desaparecieron y mi mamá dejó de gritar. Abrí un poco los ojos y, con los pies arriba y la cabeza abajo, vi por primera vez a una mujer que me tenía sujeto por los tobillos, momento que aprovechó para darme una azotaina. El aire entró por la nariz y salió con rapidez por mi boca un sonido extraño, pero que pareció alegrar a la comadrona, pues me dio la vuelta y con las manos enguantadas me abrazó protocolariamente, como se abraza a cualquier extraño al que ayudas y luego te da las gracias, era mi deber, mi trabajo, no te preocupes, una palmadita en la espalda y a otra cosa. Supongo que la buena señora estaba acostumbrada a recibir nuevos personajillos en este mundo y tendría ganas de irse a fumar un cigarro, de modo que este abrazo, el inaugural de mi vida, fue un poco de compromiso, algo así como: «Bienvenido, chaval, que me has fastidiado la final de Gran Hermano». La verdad es que lo recuerdo con mucha ilusión, y dado que aquella mujer fue el primer humano que vi, la constituí en mi patrón de belleza.
            Del segundo abrazo que recibí me acuerdo de todo: el cariño, la ternura, el contacto de mi piel sobre la suya, los labios sobre mi cara, unas manos que me abarcaban todo, y las palabras que lo acompañaban. Mi manita agarrando su inmenso dedo índice mientras que con el pulgar me contaba los deditos, luego con la otra, y los besos en la frente y en los ojos, el susurro, el mi cielo, mi amor, qué guapo es, a quién se parece. Sobre todo recuerdo el halo de amor que mi mamá emanaba y me abrazaba por todo el cuerpo, que nunca en mi vida olvidé ni dejé de sentir. Si la comadrona era la unidad de belleza, la de mi madre era el infinito, y eso que acababa de sufrir mucho, que cuando días después la vi sin dolor, fue el infinito y más allá. Lo mismo me pasó con el abrazo, ningún otro llegará a alcanzar el clímax de amor que el que me dio mi mamá aquel primer día.
            De pronto me apartaron del paraíso y en volandas me depositaron en los brazos de un hombre joven que, por la lágrima que le salía a modo de estigma, deduje que era mi padre. A pesar de tener los brazos musculosos y las manos fuertes, su abrazo era flácido, sin sustancia, dejándome caer la cabeza hacia atrás de forma que apenas me permitía verle. Queriendo pero no sabiendo cómo ni dónde tocarme y besarme, me dio un tímido beso en la frente y, mudo, sin saber qué decir ni hacer conmigo, mirando a los demás, me entregó en los brazos de mi abuela. Y pues eso, que papá debería mejorar mucho para acumular unidades de belleza, y realizar muchas prácticas para aprender a abrazar, pero de eso ya me encargaría yo, a partir de la primera noche en vela.
            Y el abrazo con el que me recibió mi abuelita…, pero eso es otra historia.

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Relato incluido en el nº 26 de la revista «¿Español? Sí, gracias», publicada en Polonia por la Editorial Colorful Media para aprender español de los Montes de Toledo. Va acompañado de un amplio vocabulario en polaco.

Pinchad en las fotos para ver el original y aprender algo de polaco.



lunes, 2 de septiembre de 2013

La Encina de los Sollozos



            Del latín quercus ilex singultus. Árbol de la familia de las Fagáceas del cual solo existe un espécimen. Se ubica en un lugar de los Montes de Toledo que por razones de protección no se puede nombrar. Hay documentación que afirma que fue plantado como encina común hacia el año 720 por los musulmanes que decidieron asentarse en esos andurriales. Cuando Alfonso VI reconquista Toledo, en el año 1085, capitaneaba esa parte de la sierra Mohammed ben Abî al-Hasan, conocido por los cristianos como Boabdil «El Bolo». Cuentan que al tener que abandonar los Montes, camino de al-Ándalus, se apoyó en la encina y lloró desconsolado. La tradición oral mantenida en los corros de costura en los altozanos cuenta que su madre le espetó: «Llora como gallina lo que no supiste defender como gallo, pero no te vayas sin recoger tu jaima». Es a partir de este acontecimiento cuando se detecta la mutación del árbol de modo que —sin perder el aspecto normal de la encina— las noches de luna menguante la silueta recortada de la copa asemeja un turbante, y si sopla viento del sur, las hojas sisean sollozos. Cada rama que ha brotado con posterioridad corresponde a un disgusto comarcal: años de sequía, plagas de la mosca del olivo (Bactrocera oleae), etc. Cuando los aldeanos sienten que la pena se les «abellotona» en el pecho, por los asuntos de la vida o del ganado, se cobijan bajo la encina a respirar llantos y lagrimear suspiros.
            Las bellotas, aunque comestibles, producen depresiones y lloros fluviales. Hay estudios en curso que relacionan Los Ojos del Guadiana con la encina y los disgustos. Si en un descuido un cerdo se alimenta de las bellotas de este árbol es tan grande su lamento como en tiempos de la matanza, con la única ventaja (para él) de llevarlo ya aprendido. Gracias a la fabricación de «Aguabellomiel» (una cucharada de miel y una bellota llorona por litro de agua), las plañideras se conservan aún en la comarca. A pesar de su poca producción, está muy demandada por actores, políticos y funerarias de renombre.

            

martes, 5 de febrero de 2013

El cielo de París



—Juan, ¿te quedaste tú con la tarjeta de crédito de papá?
—No te entiendo, tío, ¿a qué te refieres?
—Sabes que siempre se lamentaba de que mamá se hubiera muerto sin conocer París, mira: «Banco del Espíritu Santo. Cargos por tarjeta. Restaurant Maxim's. 2 servicios»
—¿Qué fecha tiene?
—La del día siguiente del entierro de papá.
—Eso quiere decir que ya están juntos.

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Esta es mi aportación al "II concurso de microrrelatos románticos ACEN" que formará parte del libro "Cachitos de amor II" publicado por ACEN editorial