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sábado, 24 de noviembre de 2018

Conversación con mi peluquera

(Fotografía de Víctor Lax) 



Cuando se murió mi marido lo tuve claro, nada de llevar sus restos al cementerio de la Almudena y tener que ir los fines de semana a llevarle flores, novedades y reproches. Como además de mi pensión me quedó la de viudedad, decidí que esta me la gastaría en arreglarme. Así pues, lo incineraron y sin que nadie lo supiera tiré sus cenizas en el cine París. Entonces sí, cada vez que había estreno, compraba un clavel y me iba a visitarlo en mi butaca preferida. Nunca pensé que el cine cerrase, me disgusté cuando abrieron los Salones Reina, pero me vino bien. Empecé a venir a tu peluquería, me aviaba con mis mejores vestidos, me presentaba por parte del novio y me sentaba en la tercera mesa de la izquierda, donde aproximadamente reposaba mi marido. Hice buenas amistades. Si había promociones comerciales, allí estaba yo, no compraba nada y me traía el regalo. Sin embargo, como sabes, con la crisis el salón cerró y abrieron el  Mercadona. Mi marido queda justo en la sección de charcutería, estará contento con lo que nos gustaban las gallinejas, pero ahora sí, chica, me remuerde la conciencia y me he hecho vegetariana.

* * *

Con este microrrelato he participado en la convocatoria del concurso Esta Noche Te Cuento, en el que se proponía crear una historia inspirada en la fotografía realizada por Victor Lax.

jueves, 26 de julio de 2018

Plaza Roja

(Fotografía de Benoit Courti)

        Nos preguntaron si los podíamos fotografiar frente a la Catedral de San Basilio. Dijimos que sí. Eran valencianos, veinteañeros, muy guapos, de una belleza de azahar.
          No soy ducho en la cámara del móvil y debí tocar alguna tecla equivocada que me mostró una pantalla con una fotografía del desnudo de unas piernas embellecido por una tobillera de cuentas multicolor, como revelada sobre una radiografía pulmonar o sobre los mismos adoquines de la Plaza Roja. Eran las piernas ebúrneas de la joven sentada en una roca junto al mar, paralelas a la superficie en calma, de un tenebroso gris oscuro.
            Él la sentó en las rodillas y ella le echó los brazos al cuello. Luego, la joven alzó las piernas en forma de tijeras y quedaron al descubierto. Mientras posaban, ella me pidió que no saliera la silla de ruedas. Disparé justo en el momento en que sus miradas se abrazaban.

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Con este microrrelato he participado en la convocatoria del concurso Esta Noche Te Cuento, en el que se proponía crear una historia inspirada en la fotografía realizada por Benoit Courti. 

miércoles, 14 de marzo de 2018

El cielo de las letras

(El cúmulo de galaxias SDSS J1038 más 4849 -NASA-ESA)


          Sé que tus restos se hacen simiente en el cementerio de tu pueblo, aquella aldea castellana que tanto amaste y glosaste en tus versos. Dicen que realmente se muere cuando te olvidan, luego aún no estás muerto, papá, pues me acuerdo mucho de ti. Apenas conociste Internet, pero para que lo entiendas: es un lugar virtual como tu cielo. Si en este vivirás eternamente al lado de tu Dios, en aquel perdurará siempre lo que se escriba. Es como una pizarra imborrable, un cielo de las letras. Por eso, para que no mueras nunca, transcribo en él una de tus poesías que podrás leerle a mamá, que seguro que está a tu lado, diciéndote lo que debes y no debes hacer.
* * *


(Van Gogh -Noche estrellada)

Trillador,
que en el día
aguantas en la era
el calor
trillando los haces
de la cosecha
y a la noche
te marchas a los prados
a dormir con las yeguas,
acuérdate
traerme
cuando vuelvas
—pues son tus amigas—
la más brillante
de las estrellas.
(Florentino Jiménez Gómez. Maestro Escuela. 14-03-1916; 08-09-1999)

martes, 22 de agosto de 2017

Errantes

(Otto Dix)


            Con el fusil al hombro y vestido de derrota llegó a la aldea una noche de ventisca, niebla y confusión. En la primera casa pidió cobijo, le abrió una mujer desgreñada —con la tez morena curtida por el fuego del hogar— que le preparó una sopa y una cama caliente. Muchas vigilias de soledades desde que su marido partió a la guerra, la atracción de los cuerpos jóvenes, el ventarrón, el miedo y el deseo se apoderaron de ellos y yacieron unidos. En la amanecida, el joven soldado abandonó la morada y prosiguió el viaje por el sendero que asciende a la sierra. Cuando se le echa la oscuridad y la niebla blanquea el contorno llega a un pueblo en medio de la tristeza, golpea con la aldaba de hierro fundido la puerta de una casa y una mujer joven le abre la puerta, se aman con pasión y en el amanecer prosigue su camino, ese que le llevará de las tinieblas a otra noche con la misma mujer, la que había fallecido en el incendio de su hogar tras conocer la muerte de su marido en el frente.

martes, 3 de mayo de 2016

Grumo de Luna

(Sello turco mostrando al monarca y el interior del sextante, 1983)

           En la ciudad persa de Samarcanda, en 1428, el sultán Ulugh Beg construyó un observatorio astronómico con instrumentos para contemplar, medir, catalogar y atrapar cuerpos celestes. Lo denominó Gurjani Zij (Grumo de Luna). Todas las noches despejadas cuidaba de la huerta de estrellas y si veía alguna madura la recolectaba para su amada, la princesa Ghada Shad, mujer de una belleza que no se podía ocultar en la oscuridad. Colas de estrellas fugaces para brillo de ojos, polvo de nebulosa como colorete, unos cometas de plata para hermosear las orejas o unos anillos estelares como brazaletes. Por su aniversario adornaba los jardines nocturnos con diversos cúmulos cual lámparas voladoras orientales y le regalaba un collar de titilantes estrellas o vestidos de seda boreal. Fue un extraordinario científico, matemático y poeta, pero un mal gobernante —masacró a sus enemigos— y peor padre —su propio hijo le mandó ejecutar—.
            Esa misma noche parricida, la Princesa, con lágrimas errantes, depositó el cuerpo de su amado en la alfombra —que durante diez años estuvo tejiendo bajo las directrices del Sultán— y ascendió en ella hasta perderse en el cielo.
            Su rostro es el que resplandece en el lado oscuro de la Luna. 

(Interior del sextante. Por Marco Gosteli)

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Con este microrrelato he participado en el concurso Esta noche te cuento  que con motivo del Día Internacional de los vuelos tripulados al espacio debía inspirarse en los vuelos espaciales.

AQUÍ podéis leer el relato en la página de los organizadores.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Ayman

(Cuadro de Dora Alis Mera)

            Mi nombre significa afortunado, y lo fui. Tengo en la jaima un diario de viaje en francés donde mi madre hacía descripciones, escribía sentimientos, poesías y pequeños relatos, como este; también pintaba paisajes, personas y a mi padre (ojos color oasis, dientes sonrientes, barba rizada). A mí me dibujó muchas veces, en las últimas páginas, un bebé que parece un vellón con cara de dátil. Únicamente dispongo de una imagen de mi madre, un autorretrato en un manantial que refleja su rostro de agua y una palmera. Solo puedo soñarlos así, a lápices de colores, murieron cuando yo apenas contaba unos meses. Y sé cómo fallecieron porque ella lo dejó escrito. Se perdieron en el desierto del Teneré y se les terminó la gasolina. Al agotarse el agua mi padre se hizo un pequeño corte y nos dio de beber su propia sangre. Fue el primero en morir. Luego, mi madre hizo lo mismo. En su última noche, cuando vio el final próximo, describió el silencio de arena, el refulgir del firmamento, el horizonte nimbado y me pidió perdón. Sin embargo, el diario termina con una frase en árabe, por eso sé que murió sabiendo que yo viviría.


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Con este microrrelato participo en el concurso Esta noche te cuento  que con motivo del centenario del nacimiento de Frank Sinatra había que inspirarse en su canción «My way».

AQUÍ podéis leer el relato en la página de los organizadores.

sábado, 10 de octubre de 2015

Varada

(Fotografía Rosa Delia Guerrero)

            Hace días que no me sacas a pescar. ¿Qué te ocurre, patrón? Aquí, junto a tu ventana, como mujer enamorada, te rondo, pero no respondes. ¿Qué va a ser de mí sin ti, pescador? ¿Has incumplido la promesa?

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Con este microrrelato he participado en el concurso Calendario Microcuentista 2016, que llevará esa fotografía para el mes de septiembre. Pinchad AQUÍ si queréis leer el ganador. 

jueves, 10 de septiembre de 2015

Siamesas



            Nuestros cuerpos unidos por siempre, nada nos podrá separar, eres mía, puedo acariciarte los pechos, sentir tu espalda en los míos, tu gozo es el mío, tu tortura es la mía. Bendigo la ley que nos permitió vivir, maldigo la que nos condena por nuestro amor.


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Con este microrrelato participé en la propuesta del Viernes Creativo del día 31 de enero de 2014, basado en la fotografía que propone Fernando Vicente. Aún no estaba publicado en los Montes. AQUÍ podéis leer las aportaciones de los que participamos.

lunes, 17 de agosto de 2015

Las bicicletas son para el Genaro

(Pastor en su bicicleta por Teuku Jody Zulkarnaen)

            Genaro trabajaba en la tienda del duro y por eso se compró una bicicleta. Todo comenzó cuando le robaron las ovejas. Con dolor se tuvo que marchar a la ciudad, le dieron trabajo en un comercio que suministraba modestas prendas de vestir, vendía a plazos, un duro al mes. Su encomienda era visitar los pueblos de la comarca para llevar la mercancía que compraban por catálogo y cobrar el duro. Para ello necesitó la bicicleta, aunque él no sabía manejarla. Los primeros días no lograba mantenerse en equilibrio, resolvía ir andando y llevarla del manillar, pero se le echaba la noche. Con tesón y coscorrones terminó por dominar a la bestia, al poco tiempo alcanzaba el centenar de metros zigzagueando. Si para ascender las cuestas añoraba el burro, en los descensos empezó a disfrutar del placer de la velocidad. Una tarde, bajando una pendiente, no pudo frenar a tiempo, se salió de la calzada, la bicicleta se clavó en la cuneta y él voló por lo alto del terraplén, sobrepasó unas retamas y fue a caer encima de un rebaño de ovejas que sesteaban. El susto fue tan grande como la alegría por el reencuentro.

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Con este microrrelato estoy participando en el concurso Esta noche te cuento en el que en homenaje a la Vuelta Ciclista hay que introducir el elemento "Bicicleta" en el relato.
AQUÍ podéis leer el relato en la página de los organizadores.

domingo, 12 de abril de 2015

Benicia y Justino ganan el Wonderland semanal con «El deseo añejo»



El deseo añejo

            Justino se acerca a la higuera apoyado en el bastón y elige un higo maduro. Benicia lo observa desde la silla donde cose unas enaguas. Él abre el fruto con delicadeza y una sonrisa le estira las arrugas. Se vuelve hacia su mujer, que rápidamente baja la vista cansada a la costura. Benicia se pincha un dedo con la aguja, se lo lleva a la boca y alza la mirada. ¡Cómo me engatusaste, zalamero!, le dice. Luego alarga la mano para recibir la mitad del higo que Justino le ofrece abanicando la sonrisa. ¡Anda, pon los higos a secar, zamacuco!

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Este microrrelato ha resultado ganador semanal el 11/04/2015 en el programa Wonderland de Ràdio 4 de Radio Nacional de EspañaPincha AQUÍ si quieres leerlo en la página oficial.

Si quieres oírlo leído por mí y los comentarios recibidos por los profesores de
l´Escola d´Escriptura del´Ateneu Barcelonès, puedes hacerlo AQUÍ a partir del minuto 27'.

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También resultó finalista trimestral el 04/07/2015. AQUÍ la página oficial.

domingo, 22 de marzo de 2015

Picazones



             El palo de roble tallado que tenía Doña Mariana para rascarse la espalda terminaba en una pequeña mano cóncava. La artrosis le impedía hacerlo sin esa ayuda. Los picores comenzaron hace cinco años, justo la misma tarde en la que su hija abandonó el pueblo con una maleta de madera y una vergüenza.
         Cuando Don Sebastián se murió fue enterrado con su honor y Mercedes trajo a Pablito. Doña Mariana ya no siente picazón, sin embargo le gusta llamar al nieto para que le friccione la espalda, quiere sentir esa mano tierna acariciando la piel mientras sonríe a su hija. 

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Este relato ha quedado finalista semanal (21/03/2015) en el concurso Wonderland de RNE.


jueves, 12 de marzo de 2015

Cartas perdidas




            En Amalia, al sur de la Isla del Recuerdo, hay un lago de buzones formado por el fenómeno atmosférico conocido como Viento de la Guerra. En aquellos países azotados por este huracán, los buzones son arrancados de cuajo y transportados hasta esta isla donde se precipitan como lluvia de metal. En ocasiones se ven mujeres vestidas de blanco que caminan entre el agua de aluminio, dicen que vienen a buscar la carta que nunca les llegó.

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martes, 11 de noviembre de 2014

Benicia y Justino en la Internacional Microcuentista






Hoy, con Benicia y Justino, los Montes de Toledo se ven desde todo el mundo. Nada más y nada menos que gracias al telescopio de Internacional Microcuentista.

Pinchad AQUÍ para visitar el blog de la revista. 

Para celebrarlo se van a preparar unas migas con chorizo.



Si quieres conocer en detalle a Benicia y Justino, móntate en esta burra. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

Función de noche




            Me he comprado unas gafas que detectan el calor del cuerpo humano y permiten ver en la oscuridad. Las llevaban unos soldados en una película moderna de esas que no entiendo. A mí las que me gustan son las que veía contigo, dados de la mano, en la última sesión de los sábados en el cine Coliseum, las mismas que luego volvieron a televisar presentadas por Carmen Sevilla. Por eso he pedido a nuestro nieto que me busque a buen precio una colección del cine español.

            En estas largas vigilias de insomnio y soledad me siento como encerrado en una filmoteca donde reponen todos los recuerdos. A veces lloro, igual que con las torturas en «El crimen de Cuenca», por un delito del que no soy responsable: sobrevivirte. Mas ahora volveré a ver las películas en mi habitación, con la luz apagada, y me reiré hasta perder la dentadura. Además, las noches que sienta tu calor a mi lado me colocaré las gafas esas, te daré la mano y te veré como cuando estábamos en la penumbra del cine, aunque sea todo en verde.

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Con este microrrelato he participado en la propuesta del mes de octubre (...en aquella película de los 70) del concurso «Esta noche te cuento». Pinchad AQUÍ si queréis leer el relato y los comentarios recibidos en el blog de los organizadores.

sábado, 11 de octubre de 2014

El corazón no entiende de mojones, finalista en Wonderland

(Fotografía manipulada de Lubomir Bukov)

            Todas las tardes, poco antes de la puesta del sol, Gloria se cruza con Emilio en la calle Real. Ella camina hacia la iglesia a rezar las cuentas de su rosario. Él se dirige a la taberna a orar con sus chatos de vino. Cuando se trenzan sus miradas, dulces, tristes, silenciosas, los corazones palpitan una danza desbocada y, aunque no se dicen nada, las sombras de sus almas, tercamente jóvenes, rumian las fiestas del Carmen de hace cincuenta y dos años. Bailaron durante toda la noche y se enamoraron para siempre..., pero las tierras de sus padres no lindaban.

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 Esta versión en cien palabras del microrrelato «El corazón no entiende de mojones» ha quedado finalista semanal del concurso Wonderland de RNE 4, del día 11 de octubre de 2014.

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Esta semana los Montes de Toledo se han visto desde Argentina:


Desde Córdoba: La escritora Patricia Nasello ha incluido el microrrelato «Sarmiento quebrado» en su antología digital de microficción «Piedra y nido». ¡Qué pasada! Allí entre tantos grandes autores. Muchas gracias, Patricia. Pinchad AQUÍ para leerlo.
Os invito a que os deis un paseo por su blog, encontrareis buenos relatos.


Desde Buenos Aires: El escritor  Guillermo Mayr  mantiene una antología digital en su blog «El jinete insomne» y allí se ha llevado mis «Flores de la Memoria», flores para no olvidar. ¡Alucino!. Muchas gracias, Guillermo. Pinchad AQUÍ para leerlo.
No dejéis de daros un paseo por su blog, merece la pena.




domingo, 28 de septiembre de 2014

El pescador de lágrimas, finalista en Wonderland





             En Ibiza, enganchada entre sus redes, un pescador ha recuperado un ánfora fenicia llena de lágrimas. Lo supo por el aroma de llanto. Son de las mujeres de los pescadores que el mar se quedó. Una de ellas, la más cristalina, le ha reflejado el rostro de su padre y ha emitido la fragancia de su madre.
            Después de abismar la vasija en el mar y empujado por brisas de gaviotas, ha remado rápido a puerto con deseos de abrazar a su mujer y decirle a su madre que ya no hace falta que vuelva a llorar en el acantilado.

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 Esta versión en cien palabras del microrrelato «El pescador de lágrimas» ha quedado finalista semanal del concurso Wonderland de RNE 4, del día 27 de septiembre de 2014.

jueves, 21 de agosto de 2014

La pluma (wieczne pióro)

(A mi padre y mi hija)

            Cuando regresé del viaje de novios tenía trabajo pendiente, mi editor estaba de los nervios, con la boda había retrasado la entrega del último cuento necesario para publicar el tercer libro de relatos. Sara también debía finalizar unos diseños. Decidí irme a la casa del pueblo. No era extraño escaparme a mediados de semana y, en aquel ambiente de mi niñez, tirar de las alforjas de la memoria para crear cuentos o columnas.
            Estaba avanzado el otoño, amenazaba tormenta, por eso preferí escribir en el despacho que había sido de mi padre, rodeado de libros y objetos de mis antepasados. Hasta la gran emigración de los años sesenta fue la casa del maestro. Luego siguió siéndolo, pero ya era un pueblo sin maestro ni escuela ni niños.
            El despacho era —y es— amplio, con una gran estantería llena de libros en una pared. En otra: cuadros, fotografías, títulos que ascendían la colina de la familia hasta el siglo XVIII y que se calentaban junto a la chimenea. Al fondo, delante de una gran cristalera abierta al patio, la mesa de madera en la cual mi padre escribía sus versos y novelas. En ella colocaba yo el ordenador y tecleaba mis historias que eran verdaderas aunque no hubieran ocurrido.
            Recuperé el documento donde había iniciado el relato sobre un escritor —yo—, al cual le acaban de comunicar que iba a ser padre primerizo de una niña —más yo—, y empieza a imaginarse un futuro para esa hija: cómo le instruiría en la labranza de lo literario, el sembrado de las palabras, el riego de la poesía y al final le pasaría las cosechas de autor bajo la promesa de cuidarle en su último capítulo. No voy a desvelar más para no nublar la posible lectura.
            Aquí, en los montes, son frecuentes las tormentas. No nos asustan pero las respetamos, pues sabemos casos de incendios, muertos por la chispa, árboles y rocas partidas. A media tarde, cuando los primeros truenos empezaron a sonar, salvé el documento y apagué el ordenador. Decidí seguir escribiendo en folios de impresora que ya transcribiría después. Continué el relato con el bolígrafo que siempre llevo junto a la libreta de notas, pero al poco se agotó la tinta. Enredando en los cajones encontré la pluma estilográfica negra que le habíamos regalado a mi padre cuando se jubiló. Estaba seca, pero hallé cartuchos llenos. Fue trazar las primeras líneas y recordarle, sentirme él. Las frases que me salían parecían sacadas de su prosa, de sus versos. Lo recuerdo porque escribir sobre asuntos del pueblo me cuesta trabajo. Pero con la pluma de mi padre aquello era más fácil. Quizás fueran sentimientos que se le quedaron en el tintero, o el cálamo, como lo llamaba él. Estando en estas transmutaciones literarias el cielo se encendió y un trueno hizo quejarse a todas las maderas. Dejé la estilográfica en el escritorio y salí a la puerta de la calle a ver la tormenta: llovía intensamente y los cantos rodados del suelo de la calzada, cubiertos por una gasa de agua, lucían multicolores. De pronto otro rayo partió el cielo y fue sujetado por la torre del ayuntamiento. El estruendo ensordeció mis oídos, me congeló el corazón. Cerré la puerta y volví adentro.
            Cuando entré en el despacho mi padre estaba sentado en el escritorio mirando su manuscrito, con la pluma en la mano. Se volvió y me dijo:
            —¡Ah!, eres tú, menuda la que está cayendo —Y, ajustándose las lentes, prosiguió.
            No me resultó extraño encontrarle tratando de escribir en los folios, sabía que en algún momento iba a ocurrir. Justo antes de morir —hacía una década—, me pidió que le terminara de pasar a limpio las cuartillas donde narraba la numantina defensa de su vida, la de sus padres y hermanas, en su casa —esta—, siendo un joven de apenas dieciséis años, cercados durante cincuenta y cinco días por turbas asesinas. No pude.
            —Lo intenté, papá —le dije, justificándome.
            —Lo sé —me respondió—, pero no descansaré hasta...
            Me tendió la pluma. La cogí. Se levantó y, acercándose a la chimenea apagada, dijo que hacía frío.
            Me senté, leí sus últimas frases, aquellas palabras que me paralizaban cada vez que quise proseguirlas: «A media noche oí unos pasos en la escalera que retumbaban como si fueran las botas de alguna persona. Oí el “miau” del gato y eso me tranquilizó,».
            La última frase estaba escrita de tal modo que parecía que a la pluma se le extinguiera la tinta: un trazo de cordel transformándose en hilo y terminando en una coma deshilachada. Así fue. Se le iba la tinta de la vida, murió un día después. Tras esa coma estaban su sufrimiento y mi existencia, esa fue la causa por la cual nunca pude acabarlo.
            El patio se iluminó con otro estruendo. Sentí frío. Me volví para decirle que aún no estaba preparado.
            —¡Ah!, hija, eres tú, menuda la que está cayendo —dije, tras lo cual me ajusté las gafas y continué intentando transcribir la frase siguiente a aquella coma paralizante.

            —Papá, déjame que prosiga yo... —me dijo, cogiéndome la pluma de su abuelo con la mano—. Así podéis descansar en paz los dos.

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Relato incluido en el nº 27 de la revista «¿Español? Sí, gracias», publicada en Polonia por la Editorial Colorful Media para aprender español de los Montes de Toledo. Va acompañado de un amplio vocabulario en polaco.

Pinchad en las fotos para ver el original y aprender algo de polaco.


jueves, 26 de junio de 2014

Sarmiento quebrado



              Como un vástago arrancado de la cepa me sentí cuando tuve que abandonar mi tronco, mis surcos, el olor a tierra regada, el sabor del tocino, el vino seco de la bota y a mi gente para ir a la guerra.
            Mi madre: aroma de heno, silencios amorosos, aljibe de consuelos, troje de recuerdos, tacto rugoso de su lana. Su toquilla.
            Mi María: aquel beso en los caños, como brisa del atardecer, suave y tímido, pluma acariciando mis labios; su cuerpo en la era, la cabeza sobre la albarda; el brillo de sus ojos, el cielo en la tierra. Su chal.
            Mi Carmencita: queso ahumado con jaras, sabor a pan recién horneado, risas de jilgueros en flor, simiente de esperanzas; acariciar su piel, pasar la mano por la mies. Su mantilla.
            La matanza. Cuerpos socarrados abiertos en canal. Barrigas hinchadas. Carne chamuscada. Tripas serpenteantes. Moscas a la sangre coagulada. Chicharras con gritos de espanto. Miradas acres de árboles calcinados. Hedor de cadáveres sazonados con pólvora. Matarifes en retaguardia.
            En el rastrojo, entre espigas humanas segadas y con el cielo azul por mortaja, veo tres estrellas de luto: decidles que no me esperen para la vendimia.
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lunes, 16 de junio de 2014

Geometría sentimental



            ¡Buagh!, vomito, un kilómetro de pasillos, decenas de puertas y siempre os cruzáis en esta, con ese roce de carpetas y el falso saludo de colegas, como si no supieran todos que te acuestas con él, como si yo no oyera por la noche el navegar de sábanas. Te ha dejado la pizarra llena de dibujos, hoy son los tipos de laberintos: el de mazes, el de caminos alternativos, igual que las amigas que se ha traído a casa, pero nunca para quedarse, se las comió en una noche; el univiario, el clásico, el más sencillo y no encuentras la salida, ¿estás secuestrada? En la anterior clase dibujó las curvas de una mujer, el rubor te brotó al reconocerte y lo borraste de inmediato. Hoy los dejas, nos aburres con la civilización minoica, con tus dedos caminas por el encerado desde la Puerta de los Leones hasta el centro del laberinto, y allí paras. En tus ojos veo el toro y el deseo.

            Tantos planos, papá, y no sabes que la línea recta es la distancia más corta entre tú y yo.

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Ilustración de Miguel Jiménez Salvador

Con este microrrelato participo en la propuesta del mes de abril («...en el laberinto») del concurso «Esta noche te cuento». 
           
Pinchad AQUÍ si queréis leer el relato y los comentarios recibidos en el blog de los organizadores.


viernes, 6 de junio de 2014

Viejos amigos, una aproximación al mundo de la vejez


La idea del escritor Pablo Gonz de hacer un audiolibro de microrrelatos en homenaje a nuestros mayores (Ver mi entrada Viejos amigos -Audiolibro) ha sido llevado por Internacional Microcuentista a una bella antología en formato digital que podéis leer a continuación, e incluso descargar.
Mi aportación es El corazón no entiende de mojones, en la página 34, pero sin duda los mejores relatos son los demás.