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miércoles, 14 de marzo de 2018

El cielo de las letras

(El cúmulo de galaxias SDSS J1038 más 4849 -NASA-ESA)


          Sé que tus restos se hacen simiente en el cementerio de tu pueblo, aquella aldea castellana que tanto amaste y glosaste en tus versos. Dicen que realmente se muere cuando te olvidan, luego aún no estás muerto, papá, pues me acuerdo mucho de ti. Apenas conociste Internet, pero para que lo entiendas: es un lugar virtual como tu cielo. Si en este vivirás eternamente al lado de tu Dios, en aquel perdurará siempre lo que se escriba. Es como una pizarra imborrable, un cielo de las letras. Por eso, para que no mueras nunca, transcribo en él una de tus poesías que podrás leerle a mamá, que seguro que está a tu lado, diciéndote lo que debes y no debes hacer.
* * *


(Van Gogh -Noche estrellada)

Trillador,
que en el día
aguantas en la era
el calor
trillando los haces
de la cosecha
y a la noche
te marchas a los prados
a dormir con las yeguas,
acuérdate
traerme
cuando vuelvas
—pues son tus amigas—
la más brillante
de las estrellas.
(Florentino Jiménez Gómez. Maestro Escuela. 14-03-1916; 08-09-1999)

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Ranoir

(Fotografía de Mar del Rey, escritora)



            A la charca de las ranas ya no acuden príncipes melancólicos y tímidos que añoran a una joven hermosa a la que alguna bruja maligna haya embrujado. Tampoco se acercan los empleados municipales a limpiar residuos atrapados por la belleza reflejada. A nadie le interesan ya ni príncipes ni barrenderos. Solo las estrellas y la luna siguen tremolando en la superficie. Sin embargo, las ranas están más felices. Ahora que pueden nadar sin tanto temor a ser besuqueadas, ni a quedar presas en las redes, se dedican a decorar con flores, bacterias, algas, hojas y ramitas —como cuadros impresionistas en lienzos de cielo espejeado— los sueños de los desempleados que deambulan por el parque, saben que en ellos está la esperanza, aunque ellas tengan que volver a esconderse.

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Este microrrelato ha sido mencionado en el concurso Esta noche te cuento
El tema de la convocatoria eran los seres mágico.
AQUÍ podéis leer el relato en la página de los organizadores, y en este ENLACE la relación de seleccionados y mencionados.


domingo, 21 de agosto de 2016

El mito de la jabalina de Astylos


            En el museo de Olimpia se muestra una jabalina del siglo IV que se encontró clavada en la arena del Panatenaico horas antes de la inauguración de la I Olimpiada Moderna. Debajo, un friso romano representa a un atleta que lanza una jabalina, un templo ardiendo y la inscripción «Astylos de Heraclea». Cuenta el filósofo Plutarco de Atenas (†432) que se trata del último niño que subió al olivo sagrado y con el cuchillo de oro cortó las ramas con las que se glorificaba a los vencedores. Meses más tarde, Astylos entrenaba en el gimnasio decidido a ser el ganador del pentatlón. Con el cuerpo tenso, la jabalina en la mano y la mente concentrada en un lugar lejano, inició la carrera, tomó velocidad y la lanzó con una fuerza sobrehumana. No la vio caer, lo cegó el dolor que le produjo la espada del pretoriano del cristiano emperador. Recuperada la consciencia todo era destrucción y holocausto. Se arrastró hasta el altar y quiso ofrecer su muerte a Zeus que, conmovido, le concedió la inmortalidad por haber lanzado la vara de fresno más allá del falso nuevo dios. A la jabalina le ordenó errar por el firmamento como estrella fugaz.

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Con este microrrelato participo en el concurso Esta noche te cuento  con motivo de las Olimpiadas.
AQUÍ podéis leer el relato en la página de los organizadores.




martes, 3 de mayo de 2016

Grumo de Luna

(Sello turco mostrando al monarca y el interior del sextante, 1983)

           En la ciudad persa de Samarcanda, en 1428, el sultán Ulugh Beg construyó un observatorio astronómico con instrumentos para contemplar, medir, catalogar y atrapar cuerpos celestes. Lo denominó Gurjani Zij (Grumo de Luna). Todas las noches despejadas cuidaba de la huerta de estrellas y si veía alguna madura la recolectaba para su amada, la princesa Ghada Shad, mujer de una belleza que no se podía ocultar en la oscuridad. Colas de estrellas fugaces para brillo de ojos, polvo de nebulosa como colorete, unos cometas de plata para hermosear las orejas o unos anillos estelares como brazaletes. Por su aniversario adornaba los jardines nocturnos con diversos cúmulos cual lámparas voladoras orientales y le regalaba un collar de titilantes estrellas o vestidos de seda boreal. Fue un extraordinario científico, matemático y poeta, pero un mal gobernante —masacró a sus enemigos— y peor padre —su propio hijo le mandó ejecutar—.
            Esa misma noche parricida, la Princesa, con lágrimas errantes, depositó el cuerpo de su amado en la alfombra —que durante diez años estuvo tejiendo bajo las directrices del Sultán— y ascendió en ella hasta perderse en el cielo.
            Su rostro es el que resplandece en el lado oscuro de la Luna. 

(Interior del sextante. Por Marco Gosteli)

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Con este microrrelato he participado en el concurso Esta noche te cuento  que con motivo del Día Internacional de los vuelos tripulados al espacio debía inspirarse en los vuelos espaciales.

AQUÍ podéis leer el relato en la página de los organizadores.