(El cúmulo de galaxias SDSS J1038 más 4849 -NASA-ESA)
Sé que tus
restos se hacen simiente en el cementerio de tu pueblo, aquella aldea
castellana que tanto amaste y glosaste en tus versos. Dicen que realmente se
muere cuando te olvidan, luego aún no estás muerto, papá, pues me acuerdo mucho
de ti. Apenas conociste Internet, pero para que lo entiendas: es un lugar
virtual como tu cielo. Si en este vivirás eternamente al lado de tu Dios, en
aquel perdurará siempre lo que se escriba. Es como una pizarra imborrable, un
cielo de las letras. Por eso, para que no mueras nunca, transcribo en él una de
tus poesías que podrás leerle a mamá, que seguro que está a tu lado, diciéndote
lo que debes y no debes hacer.
A la
charca de las ranas ya no acuden príncipes melancólicos y tímidos que añoran a una
joven hermosa a la que alguna bruja maligna haya embrujado. Tampoco se acercan
los empleados municipales a limpiar residuos atrapados por la belleza
reflejada. A nadie le interesan ya ni príncipes ni barrenderos. Solo las
estrellas y la luna siguen tremolando en la superficie. Sin embargo, las ranas
están más felices. Ahora que pueden nadar sin tanto temor a ser besuqueadas, ni
a quedar presas en las redes, se dedican a decorar con flores, bacterias,
algas, hojas y ramitas —como cuadros impresionistas en lienzos de cielo
espejeado— los sueños de los desempleados que deambulan por el parque, saben
que en ellos está la esperanza, aunque ellas tengan que volver a esconderse.
Hay en el cielo una isla de nube a
la que llegan todas las ondas radiofónicas que no son escuchadas por nadie.
Como las olas del mar que traen la arena, las ondas van dejando las
conversaciones, la música e incluso las interferencias en su litoral de agua.
Casi todas las tardes bajan a la playa de gotas unos angelitos a jugar con las
palabras, las notas musicales y los ruidos. Los querubines construyen castillos
de letras, con enes como almenas, oes de troneras, aes de puertas y eles de
puentes levadizos. También escarban pequeños hoyos en la niebla, se cubren con
oraciones y al levantarse dejan huecos por los que se filtra la luz divina que
llega a los hombres. A los serafines les gusta recolectar notas para componer y
cantar las alabanzas, recogen semifusas que se colocan como peines entre los
rizos, se acercan claves de sol al oído y escuchan el sonido de los humanos.
Algunos tronos que iban para diablillos cogen los ruidos y los hacen chocar
entre sí, suenan como truenos en días despejados y los hombres alzan la vista
hacia el cielo.
Solo cuando llegan llamadas de
socorro les avergüenza bajar a jugar.
* * *
Con este microrrelato participo en el concurso Esta noche te cuento que con motivo del Dia Mundial de la Radio había que inspirarse en la radio.
AQUÍ podéis leer el relato en la página de los organizadores.
En su perenne soledad, se arrepintió
de haber confundido las lenguas. Por ello sembró el firmamento de galaxias y
—cada nuevo milenio— coloca flores secas en las puertas del Cielo, para
ahuyentar los malos espíritus que le aconsejaron.
* * *
Con este microrrelato he participado en el concurso Calendario Microcuentista 2016, que llevará esa fotografía para el mes de marzo. Pinchad AQUÍsi queréis leer ganador y finalistas.
—Juan, ¿te quedaste tú con la tarjeta de crédito de
papá?
—No te entiendo, tío, ¿a qué te refieres?
—Sabes que siempre se lamentaba de que mamá se
hubiera muerto sin conocer París, mira: «Banco del Espíritu Santo. Cargos por
tarjeta. Restaurant Maxim's. 2 servicios»
—¿Qué fecha tiene?
—La del día siguiente del entierro de papá.
—Eso quiere decir que ya están juntos.
* * *
Esta es
mi aportación al "II concurso de microrrelatos románticos ACEN" que
formará parte del libro "Cachitos de amor II" publicado por ACEN editorial
Cuando desperté me sorprendió encontrarme al final de una larga fila de personas con el rostro amarillento, como barnizado, que hacían cola delante de una mesa entre nubes. La mayoría vestía sábanas blancas a modo de túnicas, otros llevaban puestos trajes y vestidos de boda, casi todos descosidos por la espalda. Me miré y reconocí mi alcanforado traje de novio. Estaba claro, no había hecho caso al médico: abusé de los chuletones de Ávila y las cervecitas Mahou.
—¿Javier?, bienvenido, escritorcillo —me dijo con sorna un ser con cara angelical cuando me tocó el turno—. ¡Anda que ya te vale!, pasa y sitúate en la zona de los ateos, ¡cabezón! —me ordenó.
Entré en un lugar inmaculadamente blanco, una pradera de nubes en flor, como si todos los cerezos, almendros y jaras hubieran desprendido allí sus pétalos. Otro ángel me entregó unas láminas de arcilla y un cincel, luego me dijo que escribiera un millón de veces la frase «¡Anda, estaba equivocado, Dios sí que existe!», e insistió en que no adjetivara.
Tomé las herramientas de escriba y me aparté al lado derecho de la pradera, cerca del lugar donde pastaban unos camellos. Mira que le había dado vueltas durante años hasta que llegué a la conclusión de que todo esto era una patraña de los curas, que se lo habían inventado para amedrentarnos, para que soportáramos todas las injusticias, para tenernos sumisos ante los poderosos con la promesa de conseguir una parcelita aquí junto a Dios.
Desconozco el tiempo transcurrido hasta que finalicé la tarea. La pila de barro me recordó la montaña de libros que había formado en las librerías mi best seller La maldición de la nariz de La Esfinge de Gizeh. Entregué el manuscrito arcilloso al ángel y aproveché para preguntarle por qué hacían tantos aspavientos los señores con levitas y las señoras con orondos sombreros que se divisaban en la lejanía.
—Ahí les tienes, están troceando camellos —me respondió, y luego señaló un par de narices huérfanas que había entre los pétalos—, quieren hacerlos pasar por el ojo de la aguja.
—O sea, que además de existir Dios, se hizo hombre de palabra —afirmé asombrado.
—Tan cierto como que te debiste conformar con escribir libros de relatos de los Montes de Toledo, pero no, quisiste ser rico y famoso... ¡Anda, ve con ellos: escritor de narices amputadas!
* * *
Narración: Susana Santamarina
Relato con el que he participado en la Convocatoria de Relatos "Con un par de narices", organizado por La Esfera Cultural. Formará parte de la edición de un libro, junto con otros 45 relatos más. Si queréis leer el relato ganador, los finalistas y el resto, pinchad aquí.
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La maldición de la nariz de La Esfinge de Gizeh, best seller que no encontrarás en librerías.