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miércoles, 19 de julio de 2017

Superabuelo

(Fotografía de Paco Jarillo)


            De mi abuelo heredé su sombra. Mi abuelo tenía el don y la gracia. El don porque en su paladar se veía una Cruz de Caravaca. La gracia porque lloró en el vientre de su madre. Así que no le mordían los perros rabiosos y tenía poderes. Por ejemplo, cuando íbamos al colegio, al entrar en el andén del metro, él levantaba la mano y el tren se detenía. Al cruzar las calles se situaba de espaldas al semáforo, se concentraba y hacía que el rojo se apagara y se encendiera el verde. Por las tardes, después de comer dejaba de respirar media hora y yo aprovechaba para ver los dibujos animados. Un día que fuimos al cementerio observé que al entrar en el panteón familiar desaparecía su sombra. Me dijo que aquello no eran poderes, que era por el sol, pero que cuando se fuera con la abuela me la dejaría como recuerdo. Ahora el abuelo se ha ido y he comprendido que me tomaba el pelo con lo del metro, el semáforo y dejar de respirar, pero me cuesta mucho explicar, a los que se dan cuenta, el motivo por el cual tengo dos sombras.

* * *
Este microrrelato ha sido seleccionado en el concurso Esta noche te cuento para ser incluido en el libro anual. El tema de la convocatoria era los superhéroes.
AQUÍ podéis leer el relato en la página de los organizadores, y en este ENLACE la relación de seleccionados y mencionados.

domingo, 7 de mayo de 2017

PMI'2016 (Refugiados), el libro


Ya está a la venta el libro digital recopilatorio de los relatos recibidos en la edición de 2016 de la Primavera de Microrrelatos Indignados.

El coste del libro es de 1.25€ + IVA. Todos los beneficios (1€ por libro) serán destinados a la ONG Open Arms que se dedica a rescatar a refugiados del Mediterráneo.


Para adquirir el libro entra en este enlace.

Yo participé con Epílogo de la Odiosea.

jueves, 23 de marzo de 2017

«Un cocido de muerte» en libro, fotografía y audio


Con motivo de la entrega de premios del concurso Esta noche te cuento en San Vicente de la Barquera, el pasado 11 de marzo, además de la presentación del libro «microvuelos», el fotógrafo José Fco. Álvarez García nos entregó una fotografía como ilustración, bajo su mirada, de cada cuento.


Pinchad AQUÍ si queréis comprar un ejemplar del libro «microvuelos».


Si quieres recorrer la exposición «1 imagen, 200 palabras» de José Fco, AQUÍ tienes el enlace.



Si te apetece leer mi microrrelato, este es el enlace: Un cocido de muerte

Y si quieres que te lo lea yo, aquí me verás a partir del minuto 35' en el VÍDEO realizado por Rubén Ruiz.

miércoles, 27 de julio de 2016

Siervos

(Foto tomada de Internet)

—¿Qué hace ahí fuera Lucas arañando la ventana?

—Déjalo y que se pudra, tanto comernos el tarro con que hay vida fuera del formol.


Este microrrelato fue publicado en mayo de 2014 en el libro colectivo «Despojos del REC. Microrrelatos Ilustrados», de Bombín Rojo Editores.


viernes, 11 de marzo de 2016

«La fragua» en libro y fotografía


Con ocasión de la entrega de premios del concurso Esta noche te cuento en San Vicente de la Barquera el pasado 5 de marzo, además de la presentación del libro «Cincuentos», la escritora y fotógrafa Eva García nos entregó a cada autor una fotografía realizada, bajo su mirada, para cada relato publicado.

Pinchad aquí si queréis comprar un ejemplar del libro Cincuentos.


Si quieres recorrer la exposición «1 imagen, 200 palabras» de Eva García, aquí tienes el enlace.

(La fragua, fotografía de Eva Garcia)

Y si te apetece releer mi microrrelato, este es el enlace: La fragua

Y si quieres que te lo mal lea yo, aquí me verás a partir del minuto 7: Video



miércoles, 17 de junio de 2015

La fragua

(La fragua- Francisco de Goya)

            Depositados entre la herrumbre del patio, la zarina Alexandrovna (campana rusa que mantiene que el sabor a pólvora de su sonido inspiró a Tchaikovski el final de la Obertura 1812) encela al siempre sonriente almirante Nelson (ancla del Victoria, buque insignia en Trafalgar) con sus amores con el emperador Napoleón (cañón que resultó herido en Waterloo y que ahora está desvencijado en el almacén de desguaces).
            —Tras la batalla trajeron a casa del maestro campanero los restos de los cañones muertos, entre ellos venía herido uno de mi edad, quebrado y triste, al que pusieron a mi lado en la fragua. Yo llevaba años aguardando un badajo para ser trasladada a una catedral rusa, pero los tiempos andaban revueltos. El maestro, a quien no se le habían pasado por alto mis coqueteos con mi héroe, un día se lo llevó y me lo trajo transformado en un hermoso badajo que introdujo en mi interior.
          —Olvídese de esa relación oxidada e iniciemos un romance pulido, déjeme ser su campanero y que le arranque talanes de placer, ¡huyamos en mi navío! —le poetiza Nelson con voz húmeda. Alexandrovna se pone un poco ocre.
            Luego, enmudecen al ver acercarse batas azules con sopletes.


* * *
(Fotografía de Eva García)

Este microrrelato ha sido seleccionado (co-ganador) en el concurso Esta noche te cuento, en el que en homenaje al segundo centenario de la batalla de Waterloo había que incluir cualquier tipo de cañón.
AQUÍ podéis leer el resto de ganadores (seleccionados para el libro) y los finalistas (mencionados).


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 Como premio ha sido incluido en el libro «Cincuentos»
e ilustrado con una fotografía de Eva García

martes, 5 de mayo de 2015

Sueños emergentes en libro y fotografía

Con ocasión de la entrega de premios del concurso Esta noche te cuento en Santander el pasado 28 de febrero, además de la presentación del libro Las palabras contadas, se inauguró una exposición en el que alguno de los relatos incluidos en él sirvieron de inspiración al fotógrafo santanderino Jesús Sánchez, que aceptó el reto de intentar trasponer el espíritu de nuestras letras a una imagen.


Esta es la portada del libro en el que aparece mi microrrelato Sueños emergentes que podéis leer AQUÍ.

Jesús Sánchez ilustró el microrrelato con una fotografía de una de las esculturas de Los Raqueros situada en el puerto, que ahora cuelga en mi despacho.

La exposición se llamó 200 PALABRAS, UNA IMAGEN, y la colección completa está compuesta por 23 piezas que podéis ver en este ENLACE.


jueves, 26 de febrero de 2015

La cadena en «La taberna del Callao»

(Ilustración de La Tía Gertrudis para el relato)

El relato «La cadena» que me publicó «Cuentos para el andén» en el Nº 9, ilustrado por La Tía Gertrudis, ahora en audio gracias a Javier Merchante y su equipo de actores de «La taberna del Callao».
Pincha en la imagen si lo puedes escuchar, y AQUÍ si quieres leerlo al mismo tiempo





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Por otro lado, «Un cuento al día» me ha publicado este mes dos microrrelatos:


martes, 23 de diciembre de 2014

Cenizas


Fotografía de Gonz@josé


            Al abandonar la autopista apago la película del DVD y observo por la ventana. Me gusta mirar el horizonte y ver ese árbol que une el cielo y la tierra como en las piezas de un puzzle, que con cada curva va de un extremo a otro de la ventanilla como una pelota errática. Al hacerse de noche, miro las estrellas, su titilar y el rastro que dejan con las vibraciones. La luna salta a la comba con los cables de la luz. Los cascos no me los quito, para no escuchar el crepitar de las palabras de mis padres.

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Este relato ha quedado finalista semanal en el concurso Wonderland de RNE

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El pasado 17 de diciembre, Carlos G. Barba publicó mi microrrelato «La guerra ideal» en su blog «Un cuento al día».

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La revista «Cuentos para el andén» seleccionó mi definición de «magia» para su diccionario de Saturno.
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InternacionalMicrocuentista me pidió que explicara mi proceso creativo y fue publicado en su blog el 19 de diciembre.


miércoles, 26 de marzo de 2014

La cadena, desde Alemania



Los Montes de Toledo se ven desde Alemania.

¿Sabías que Cuentos para el andén se utiliza en un colegio en Hamburgo como material de apoyo para las clases de español?

Los alumnos han elaborado unos collages basados en tres relatos. Se trata de
               Peter Pan, de Fernando Iwasaki, del nº 8.
               Ecosistema, de José Mª Merino, del nº 13
               La cadena, de Javier Ximens, del nº9.

Muchas gracias a los profesores de Johann Rist Gymnasium, y a sus alumnos.


Si quieres leer el relato La cadena, pincha AQUÍ.

Para ver los tres collages: AQUÍ

Para leer y descargar Cuentos para el andén: AQUÍ

sábado, 15 de febrero de 2014

Agentes del orden

Ilustración de Alex Dukal

            Oí sonidos suaves que procedían del salón, me asusté y desperté a mi marido. Juan cogió el calzador dispuesto a defender nuestro hogar y nuestras vidas. Allí abajo estaba el policía, con un plumero en la mano derecha y colocando los cacharos con la izquierda, la linterna en la boca. Llamé al servicio de alerta. Cuando oyó el ruido de cadenas saltó por la ventana, pero aún así le dio tiempo a sacudir el polvo del ficus. Al instante hizo presencia un grupo de ladrones con modernos medios de desorden, desbarataron los cajones, repartieron los platos sucios por los muebles, borraron las pistas impolutas e incluso hubo algún buen ladrón que sacó los restos de tortilla del cubo de la basura y los puso encima del televisor. Uno, posiblemente el más cobarde, saltó por la ventana persiguiendo al agente. Después de dejar la casa patas arriba, el capo nos dijo que parecía que no sobraba ningún objeto, que le detendrían pero que no serviría de nada, a las veinticuatro horas estaría volviendo a poner orden en las casas. Esa mañana, Juan y yo llegamos temprano al trabajo y con el temor de que cualquier día los policías puedan entrar en casa y recoger el cuarto de los niños.

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Este microrrelato ha quedado finalista en el Concurso de Lamicrobiblioteca correspondiente al mes de enero, junto con otros amigos. Pinchad en la imagen si queréis leerlos.




lunes, 27 de enero de 2014

Don Florentino y la escuela

Florentino Jiménez Gómez (Parrillas, Toledo, 14 de marzo de 1916 - Talavera de Reina, Toledo, 8 de Septiembre de 1999)


            Sus zapatos negros, gruesos para evitar la entrada del agua, rara vez vieron el lustre, salvo recién comprados, o cuando asistió a alguna boda o entierro de un amigo. Le permitían tener los pies en la tierra, evitando navegar por las nubes y que el agua de la calzada le entrara a humedecer su vida. Eran arrastrados por dos arqueadas piernas, escondidas bajo sus viejos pantalones de pana negra, consumidos pero limpios, que sostenían su cuerpo rechoncho y fuerte. El torso era amplio para poder abarcar la inmensidad de su corazón y estaba oculto por una camisa que en sus orígenes fue verde, pero que con el paso por la tabla de lavar había ido perdiendo su textura y ya era casi blanca. Su cuello, grueso y corto, salía de la camisa como un roble majestuoso, desgastando la tela hasta deshilarla. Su corbata, verde oscuro, no conoció nada más que un nudo, el que le hizo su amigo Blas para la boda. Su rostro era panel de bondad, alegre, con algo de mentón y una boca con labios finos y dos filas de jalbegados dientes, que tantas satisfacciones le dieron en el buen comer. Encuadrada por los dos hermosos paréntesis de su frecuente sonrisa, por ella manaba la sabiduría con sonido claro y potente. Los ojos pequeños y color miel, vivos y alegres, estaban separados por una nariz un poco ancha y terminada en una pequeña pelota, que si hubiera sido un poco más grande hubiera justificado su buen humor y socarronería. Sus cejas abarcaban justo el arco de los ojos, y eran los últimos pelos que se podían encontrar hasta llegar a la nuca. La cara atezada, con centelleantes puntos de plata, no mostraba muchas arrugas, pero en medio de su carrillo izquierdo tenía la marca redonda de cuando le quemaron el carbunco, a modo de medalla por sus cristianos sentimientos. Su pelo era tomillo albar y se peinaba con una raya en medio, tan ancha que solo dejaba espacio para unas matillas encima de las orejas. Su gorra de pana, verde y con visera, además de evitarle coger frío, le retenía los sueños.
            Con su paso vacilante se dirigía todas las mañanas a las ocho a encender la estufa, Tizona por nombre, de acero negro fundido en Vizcaya, según rezaba en una placa, y con una mella junto al picaporte, para que cuando llegaran los chiquillos la escuela estuviera templada. Después de abrir la puerta de la sabiduría, con la llave hueca que tantos orzuelos había sanado, el viejo olor de los jóvenes cuerpos le recibía como incienso purificador. En la percha de nogal con cuatro brazos y tres patas, una de ellas rota y apoyada en una piedra de granito, dejaba su abrigo y la gorra, pero la bufanda negra le acompañaría toda la mañana, y la chaqueta de pana siempre. Tras prender la estufa y calentarse las manos fuertes y firmes, subiría a su estrado crujiente, situado en medio de la sala, y de un cajón sacaría dos libros —uno de historia, con un romano blandiendo una espada y otro de caligrafía, también con otro guerrero dibujado pero sobre una cuadriga— y un cuaderno de pastas duras con la contabilidad, todos ellos situados bajo Sonetos del amor oscuro.
            «17 de enero de 1942, una carga de leña, setenta y tres céntimos», anotaría en el libro de cuentas. Posteriormente hojearía los gastados libros de texto por las lecciones previstas para esa mañana, más por costumbre que por necesidad, pues hacía años que estaban grabados en su memoria.      
            Aquel día, en la pizarra de los mayores, situada en el ala izquierda de la sala, escribiría con letra gótica el origen de la reconquista española, dibujando un Don Pelayo en lo alto de una roca con una espada en una mano y una cruz en la otra. Después, y haciendo un alto en la estufa, embellecería el encerado de los pequeños, situado en la otra ala, con un hermoso conejo royendo una zanahoria y unas letras grandes y redondas con la frase a copiar: «El conejo come comida».
            A las ocho horas y cincuenta minutos saldría a la puerta de la escuela, situada en las afueras del pueblo, lejos de las cochiqueras, gallineros y cuadras, pero no lo suficiente de la intransigencia. El edificio había sido construido con piedras berroqueñas, cercado por un muro sin rejas, y estaba a tres peldaños de altura de la calzada. Dos pequeñas torres hacían guardia a la entrada, con sendas esferas, a modo de peones de ajedrez, y un verraco de granito paciendo eternamente. Los niños con ropas maltrechas, sietes remendados, con albarcas o sin ellas, con legañas o sin ellas, iban haciendo aparición entre la tenue niebla, camino del despertar.

            Aquella mañana Don Florentino los recibía sin saber que sería su última clase.

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Relato incluido en la revista «¿Español? Sí, gracias», publicada en Polonia por la Editorial Colorful Media para aprender español. Va acompañado de un amplio vocabulario en polaco.
Aunque es un relato de ficción, la descripción del personaje es un retrato de mi padre, maestro nacional.
Pinchad en la foto para ver el original y aprender algo de polaco.

domingo, 19 de enero de 2014

«Sarmiento quebrado», en Los Jardines de Puck


Los Montes de Toledo se ven y se oyen desde Burgos. La escritora y periodista Mar González Mena lee «Sarmiento quebrado», un microrrelato incluido en DeAntología. La logia del microrrelato, de Editorial Talentura.

Pinchad AQUÍ si queréis oírlo en Los Jardines de Puck, donde aparece acompañado de un relato de Rosa Martínez.
Si os paseáis por los senderos de los jardines disfrutaréis de la prosa de Mar y muchos relatos DeAntología.

¿Aún no habéis comprado el libro? Pues AQUÍ lo venden barato.

Muchas gracias, Mar.

viernes, 27 de diciembre de 2013

El pez de Pedrito

(Niño del vintage-pesca del muchacho con su perro)

            Desde hace quince días Pedrito madruga y se desplaza al malecón con una caña de pescar y un cuchillo. Sabe lo que quiere, de modo que si el pez que pica no es de color gris verdoso —con una mancha negra rodeada de una línea clara en el centro de cada uno de sus flancos—, lo arroja de nuevo al agua. Le contaron la historia en la catequesis y está seguro de que si a ellos les sirvió para encontrar la moneda de oro con la que pagar el tributo para entrar en el templo, él hallará la que necesita para que a su madre no le quiten el piso.
            Está teniendo peor suerte, ya ha pescado más de una docena y ninguno contenía la moneda ni en la boca y ni en el interior. A ellos les salió con el primero. Empieza a dudar. Teme que —además— no pueda hacer la Primera Comunión.

***
Este microrrelato ha quedado finalista en el Concurso de Lamicrobiblioteca correspondiente al mes de noviembre, junto con Rubén Gozalo, Esperanza Temprano y Miguelángel Flores. Pinchad en la imagen si queréis leerlos.

martes, 10 de diciembre de 2013

Flores para la memoria

(Retamas de flores blancas)

            Cuentan en los Montes que en la Navidad de 1948 —cuando los rencores iban bajo palio—, Olvido huía de los guardias civiles que el alcalde había mandado en su persecución por habérsela visto llevando leche y mazapanes para los guerrilleros. Quiso la Providencia que el parto se presentara en tales circunstancias, de modo que —con dolores silenciosos— la mujer parió una hermosa niña entre las retamas y la tuvo que dejar allí ante el cerco de los guardias. Se enternecieron los hombres y dejando la cacería llevaron la criatura a la casa del regidor. Como su mujer estaba seca de maternidad acordaron quedarse con ella.
            Que la madre muriera fusilada en la cárcel de Talavera por ser del maquis o por intereses ajenos nunca se pudo demostrar.
            Desde entonces —todos los 25 de diciembre—, el viento de la sierra tañe en las campanas de la iglesia los gritos del parto, y aquellas retamas maternales alumbran navideñas flores blancas. En el pueblo se las conoce como «Las flores de Olvido» y en sus pétalos se forma un rocío seroso, dorado y con sabor tan triste como difícil de olvidar.

* * *

Este microrrelato ha resultado ganador en la propuesta del mes de diciembre (con el tema «… apareció por Navidad...», homenaje a Charles Dickens) del concurso «Esta noche te cuento» 

Como premio ha sido incluido en el libro «40 plumas y pico.»


           
Pinchad AQUÍ si queréis leer los comentarios recibidos en el blog de los organizadores.




jueves, 24 de octubre de 2013

La cita

(Tomada de Internet)

            «¡Que no me llamo Pilar, abuelo, que soy Ana, su nieta!», le decía. «Eso es lo que tú te crees, que eres su nieta. ¡Esos lunares, Pilar, esos lunares!» Sé que no se confundía, pero fue feliz viéndome como la abuela.
            Me crié en la creencia de que mi abuelo había muerto en la guerra. Todos los años, por San Juan, la abuela Pilar cambiaba el hábito de penitente por una falda estampada y una blusa blanca, metía dentro de su vieja maleta de cartón piedra una hogaza, unos embutidos y una manta y, sin decir nada, se iba de vacaciones al pueblo. Esos días el silencio flotaba en casa, mi madre aprovechaba para limpiar la plata y mi padre para pegar palillos en el interminable galeón. Al regresar, tres días más tarde, se vestía su hábito y todo volvía a la normalidad.
            Aunque mi familia era de Belchite, al estallar la guerra vivían en Madrid. Luego, mi abuela y mi madre se vinieron a Zaragoza. Al hacerme mayor descubrí que las guerras también matan paisajes y pueblos, por eso pensé que la abuela iba a visitar a sus primos hermanos a Belchite nuevo.
            Al finalizar mis estudios me independicé. Un tarde de junio de 1973, la abuela, que ya andaba pachucha, se presentó en mi casa y me contó lo de sus escapadas al pueblo. Los tres años siguientes, pasé la noche de San Juan con ella, en la puerta de las ruinas de la iglesia de San Agustín, esperando al abuelo. Antes de morirse le prometí que durante un tiempo prudencial acudiría a la cita en su lugar.


            En el solsticio de 1978, unos meses después de la amnistía, estaba yo sentada dentro del coche, a la entrada del templo, cuando vi acercarse a un anciano. Con el bastón como brújula desimantada señalaba los edificios derruidos tratando de orientarse. Un calambre recorrió mi cuerpo y me espadañó el vello. Bajé del coche, me dirigí hacia él. Al verme, tiró la garrota y empezó a gritar «¡Pilar, Pilar!». Corrió y se abrazó a mí. Me balbucía que no había cambiado nada, que seguía igual que entonces. Yo lloraba tanto que no podía hablar y sacarlo del equívoco.
            Lo llevé a mi casa. Cada vez que le aseguraba que era su nieta, me sonreía, me besaba en la frente y me acariciaba la base del cuello, «Esos lunares, Pilar, esos lunares que tantas veces he soñado».
            Una noche de finales de julio me llamó desde su habitación, «¡Pilar, Pilar, tengo mucho frío!». Cerré las ventanas, lo arropé con la manta de la abuela, me tendí a su lado y lo abracé. Se durmió.
            Debió de ser muy hermoso pasar el último mes de su vida viviendo con la imagen perenne de la persona que amó, el mismo rostro que había llevado en una fotografía en blanco y negro durante cuarenta años.
            Las del 78 fueron las mejores vacaciones de «Pilar», del abuelo y mías.

***
Este relato ha sido seleccionado, junto con otros 54, para ser incluido en el libro que La Esfera Cultural editará con el título «¿Vacaciones?, si yo te contara...»

viernes, 1 de marzo de 2013

El milagro del Padre Amador, en «London [ai]»




            «—Perdón, ¿es usted virgen? —pregunté a una joven muy guapa, con la cara blanquita y sembrada de simpáticos lunares, que hacía cola para subir a la noria.
            Me respondió "Excuse me?", que es como en mi pueblo decir: ¿mande? Llevaba más de dos horas en la explanada de acceso buscando una mujer virgen, pero no me entendían o querían entender. Me lo merecía, por chuleta, por presumir ante los paisanos de mi dominio del inglés de cuando hice la mili en la base aérea de Torrejón, junto a los americanos.
            Todo esto por culpa de las vacas y de Amador, el joven cura...»
***
            Hasta aquí puedo leer. Si quieres saber qué milagro pasó y el motivo por el cual un hombre de los Montes de Toledo tiene que viajar a las inglaterras en busca de una virgen, tendrás que pagarte un par de cañas de cerveza.
            Este cuento está incluido en un libro que hemos sacado los alumnos del escritor Juan Jacinto Muñoz Rengel, que lo prologa. Tres años con él en Talleres Fuentetaja y como proyecto final diez relatos con un escenario común, el «London Eye».
            Se puede adquirir en edición digital, al menos por el momento, AQUÍ.


            Los beneficios obtenidos por las compras no van a ninguna cuenta en Suiza, los hemos donado a la ONG Habitáfrica.
***
            Como pasado mañana entro en la tercera edad, aquellos de vosotros que esté en desempleo y no haya votado al PP, me lo decís y os envío una descarga que haré yo. Lo dicho, un par de cañas. 

martes, 5 de febrero de 2013

El cielo de París



—Juan, ¿te quedaste tú con la tarjeta de crédito de papá?
—No te entiendo, tío, ¿a qué te refieres?
—Sabes que siempre se lamentaba de que mamá se hubiera muerto sin conocer París, mira: «Banco del Espíritu Santo. Cargos por tarjeta. Restaurant Maxim's. 2 servicios»
—¿Qué fecha tiene?
—La del día siguiente del entierro de papá.
—Eso quiere decir que ya están juntos.

* * *
Esta es mi aportación al "II concurso de microrrelatos románticos ACEN" que formará parte del libro "Cachitos de amor II" publicado por ACEN editorial