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viernes, 25 de mayo de 2018

Vitorino

Tomada de Internet)

          Se le había gripado el corazón. En su taller nos juntábamos la chiquillería del barrio, porque nos reparaba las bicis, por los calendarios de chicas con pechos Michelín y nalgas Pirelli. Al aproximarse Don Pedro, el cura, los dábamos la vuelta y aparecían la Inmaculada y Franco. También íbamos porque nos pagaba una peseta por abrillantar su Harley, y por los cuentos que inventaba con el santo del día. Si estaba con la cabeza metida en el motor, decía que a ese le cortaron la mollera por cabezón, por no querer dejar de ser cristiano; si con el cuerpo bajo el coche, con la tripa fuera, contaba que al pobre los leones le comieron las entrañas; si encima de una moto, afirmaba que aquel santo se cayó del caballo. Don Pedro, sentado sobre unos neumáticos, sonreía, se santiguaba por el ingenio del mecánico y le decía que hubiera sido un buen predicador si las motos no se hubieran cruzado en su camino.
          Me acerqué a su casa en Palomeras. Vitorino estaba abrazado al carburador de su vieja Harley, que parecía un peluche de plata. Junto a él, el anciano cura. Miré por detrás del calendario de Ángel Nieto. Sonreí.

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Este microrrelato resultó tercer finalista en el V Certamen de Microcuentos Blimunda – Vallecas Calle del Libro.






jueves, 25 de mayo de 2017

Salario Mínimo Interprofesional

(Sergio Cerchi)

         Los amigos del barrio no se creen que haya encontrado trabajo, me dicen que ya es mala suerte, solo uno de cada diez mil lo encuentra. Me han preguntado si no tenía seguro de empleo y les he dicho la verdad, que no. «Pues ahora te volverán las preocupaciones, tendrás que vivir por encima de tus posibilidades», que ya no me quedará para pagar los gastos de la Berlingo, ni los recibos de luz y agua, ni el alquiler; que apenas podré comprar comida y que me olvide de la ropa. Les dije que tan solo es temporal, mientras está de baja uno que voy a sustituir. Los muy cachondos me proponen que si consigo la dirección, ellos se encargan de que le den el alta de inmediato, ¡qué brutos! Pero es que lo estaba pasando bien, ajustado, suficiente para lo imprescindible y sin necesidad de que me ayudaran los abuelos. A ver cómo se lo toman ahora. Deseo que sea por pocos meses para que no me de tiempo a generar deudas que no pueda tapar cuando finalice el contrato. Aún no le he dicho nada a mi mujer, me da vergüenza, pero acabará por enterarse.


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Con este microrrelato he obtenido el 5º Premio, en la categoría Madrid, en el  IV certamen de microrrelatos Vallecas Calle del Libro organizado por vallecas todo cultura.

jueves, 23 de marzo de 2017

«Un cocido de muerte» en libro, fotografía y audio


Con motivo de la entrega de premios del concurso Esta noche te cuento en San Vicente de la Barquera, el pasado 11 de marzo, además de la presentación del libro «microvuelos», el fotógrafo José Fco. Álvarez García nos entregó una fotografía como ilustración, bajo su mirada, de cada cuento.


Pinchad AQUÍ si queréis comprar un ejemplar del libro «microvuelos».


Si quieres recorrer la exposición «1 imagen, 200 palabras» de José Fco, AQUÍ tienes el enlace.



Si te apetece leer mi microrrelato, este es el enlace: Un cocido de muerte

Y si quieres que te lo lea yo, aquí me verás a partir del minuto 35' en el VÍDEO realizado por Rubén Ruiz.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Un cocido de muerte

(La abuela, Albert Anker)


La mañana que vino en busca de la anciana campesina la encontró en la cocina poniendo un puchero con los garbanzos. Te esperaba desde hace días —le comentó— pero ahora debes sentarte hasta que avíe a los animales, me hallas en mal momento, Lucero está para parir. Le puso un pedazo de queso, una hogaza y una jarra con miel y se fue al aprisco. Tras echar el forraje a las cabras —doble medida por si tardaban en descubrirla— asistió a la parturienta —esto le llevó bastante tiempo, pero ¿cómo iba a dejar sola a la criatura?—, colmó las latas de sardinas con comida para los perros y desgranó una mazorca para las gallinas. Al entrar en la cocina secándose las manos en el mandil la encontró adormilada, con la cabeza apoyada en el mango de la dalla. Ya estoy preparada —anunció—, ¿nos vamos ya o disponemos de tiempo para comernos el cocido? La vieja hilandera miró la olla y respondió que no corría prisa. ¡Ah! —dijo la anciana—, entonces voy a dar una vuelta a los quesos, y se fue hacia la quesera. Cuando regresó, la parca no estaba y se había llevado el puchero.

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Este microrrelato ha sido seleccionado en el concurso Esta noche te cuento para ser incluido en el libro anual. El tema de la convocatoria era la mujer rural.
AQUÍ podéis leer el relato en la página de los organizadores, y en este ENLACE la relación de seleccionados y mencionados.

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La periodista, escritora y locutora Mar González (Puck) ha puesto voz a los relatos seleccionados. A partir de 6'20 se escucha el mío. Pinchad AQUÍ