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sábado, 30 de diciembre de 2017

A meses

(Fotograma de Tras la ventana, corto de Ana Suárez y Daniela Delgado)

         
         —Mamá, ¿qué hace ahí afuera el abuelo arañando la ventana?
         —Haz como si nada, ya sabes, desde que murió la abuela se pasa el día rezongando. Llama tú al tío y dile que hace dos días que tenía que haber venido a por él, pues a mí me dirá que para eso soy la hija.


miércoles, 19 de julio de 2017

Superabuelo

(Fotografía de Paco Jarillo)


            De mi abuelo heredé su sombra. Mi abuelo tenía el don y la gracia. El don porque en su paladar se veía una Cruz de Caravaca. La gracia porque lloró en el vientre de su madre. Así que no le mordían los perros rabiosos y tenía poderes. Por ejemplo, cuando íbamos al colegio, al entrar en el andén del metro, él levantaba la mano y el tren se detenía. Al cruzar las calles se situaba de espaldas al semáforo, se concentraba y hacía que el rojo se apagara y se encendiera el verde. Por las tardes, después de comer dejaba de respirar media hora y yo aprovechaba para ver los dibujos animados. Un día que fuimos al cementerio observé que al entrar en el panteón familiar desaparecía su sombra. Me dijo que aquello no eran poderes, que era por el sol, pero que cuando se fuera con la abuela me la dejaría como recuerdo. Ahora el abuelo se ha ido y he comprendido que me tomaba el pelo con lo del metro, el semáforo y dejar de respirar, pero me cuesta mucho explicar, a los que se dan cuenta, el motivo por el cual tengo dos sombras.

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Este microrrelato ha sido seleccionado en el concurso Esta noche te cuento para ser incluido en el libro anual. El tema de la convocatoria era los superhéroes.
AQUÍ podéis leer el relato en la página de los organizadores, y en este ENLACE la relación de seleccionados y mencionados.

jueves, 23 de marzo de 2017

«Un cocido de muerte» en libro, fotografía y audio


Con motivo de la entrega de premios del concurso Esta noche te cuento en San Vicente de la Barquera, el pasado 11 de marzo, además de la presentación del libro «microvuelos», el fotógrafo José Fco. Álvarez García nos entregó una fotografía como ilustración, bajo su mirada, de cada cuento.


Pinchad AQUÍ si queréis comprar un ejemplar del libro «microvuelos».


Si quieres recorrer la exposición «1 imagen, 200 palabras» de José Fco, AQUÍ tienes el enlace.



Si te apetece leer mi microrrelato, este es el enlace: Un cocido de muerte

Y si quieres que te lo lea yo, aquí me verás a partir del minuto 35' en el VÍDEO realizado por Rubén Ruiz.

sábado, 4 de marzo de 2017

Que no te engañen

(Foto del álbum de familia Comas, 1922)


Esta fotografía está hecha en 1922, la tercera de la izquierda era mi abuela, que da la mano a la tía Felisa, que llegaste a conocer. Catorce años después todas estaban casadas, salvo estas, Alicia y Carmen, que seguían dadas de la mano cuando las fusilaron, en ese mismo muro. Aún no nos dejan que las exhumemos.

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Con este microrrelato participé en los viernes creativos de Ana Vidal.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Un cocido de muerte

(La abuela, Albert Anker)


La mañana que vino en busca de la anciana campesina la encontró en la cocina poniendo un puchero con los garbanzos. Te esperaba desde hace días —le comentó— pero ahora debes sentarte hasta que avíe a los animales, me hallas en mal momento, Lucero está para parir. Le puso un pedazo de queso, una hogaza y una jarra con miel y se fue al aprisco. Tras echar el forraje a las cabras —doble medida por si tardaban en descubrirla— asistió a la parturienta —esto le llevó bastante tiempo, pero ¿cómo iba a dejar sola a la criatura?—, colmó las latas de sardinas con comida para los perros y desgranó una mazorca para las gallinas. Al entrar en la cocina secándose las manos en el mandil la encontró adormilada, con la cabeza apoyada en el mango de la dalla. Ya estoy preparada —anunció—, ¿nos vamos ya o disponemos de tiempo para comernos el cocido? La vieja hilandera miró la olla y respondió que no corría prisa. ¡Ah! —dijo la anciana—, entonces voy a dar una vuelta a los quesos, y se fue hacia la quesera. Cuando regresó, la parca no estaba y se había llevado el puchero.

* * *
Este microrrelato ha sido seleccionado en el concurso Esta noche te cuento para ser incluido en el libro anual. El tema de la convocatoria era la mujer rural.
AQUÍ podéis leer el relato en la página de los organizadores, y en este ENLACE la relación de seleccionados y mencionados.

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La periodista, escritora y locutora Mar González (Puck) ha puesto voz a los relatos seleccionados. A partir de 6'20 se escucha el mío. Pinchad AQUÍ


martes, 13 de septiembre de 2016

10/ Benicia, Justino y los filósofos

(Vincent van Gogh, viejo leyendo)

Benicia y Justino están sentados a la mesa camilla sobre la que hay una botella de vino tinto, un vaso y trozos de pan. Él lee un viejo Selecciones del Reader's Digest cosido con hilo de bramante en el lomo. Ella se sienta de lado con un cubo de aluminio entre las piernas, está picando una sandía.
—Mira, dice un filósofo, un tal Heráclito, que un hombre no se baña dos veces en el mismo río —comenta Justino, y alza la vista a la jofaina que se ve en la alcoba.         
—Pues las mujeres, cuando éramos jóvenes, nos lavábamos en la garganta una vez al año, por la Virgen de agosto, aunque no nos hiciera falta —responde Benicia, y se le viene a la mente las risas mojadas en la charca.
—¡No, mujer!, se refiere a que como el agua corre, cuando vuelves a entrar ya no es la misma y por lo tanto el río es otro —aclara Justino, luego toma el vaso y echa un trago.
—Nosotras sí que éramos otras, que los años no pasan en balde —dice Benicia, y se agacha con el cuchillo en punta para atrapar un trozo de sandía que ha caído fuera del cubo.
Justino se queda meditando la respuesta de Benicia, entra en duda y la imagina vestida con una túnica blanca, sentada en las escaleras de un templo y rodeada de jóvenes.
—¿Quiénes son los filósofos? —pregunta Benicia.
—Aquellos que reflexionan sobre los asuntos de la vida —responde Justino, y deja la revista zurcida sobre la mesa.
—¡Ah! ¡Como las amas de casa! —exclama Benicia, y empieza a migar los mendrugos— ¿Y tú en qué pensabas mientras segabas?
—En el tiempo, observaba el cielo, las nubes; calculaba cuántas fanegas sacaríamos; en que debía limpiar el granero; en si el muchacho llegaría para la trilla y en qué sé yo qué otros menesteres.
—Entonces tú también eras pensador, pero no comprabas la comida en los comercios. ¡Anda!, deja de beber y acerca esto a tus amigos —dice Benicia. Luego, se sacude las migajas del mandil.
Justino se levanta, toma el cubo, con paso quedo se acerca al corral trasero, abre la puerta de la cochiquera y dos hermosos cerdos lo miran con ojos de sabiduría.
—¡Aristo!, ¡Sócrates!, aquí os traigo la manduca que os ha preparado Benicia de Alejandría.


miércoles, 9 de marzo de 2016

Los Montes de Toledo se ven y se leen desde Perú

La revista Plesiosaurio, editada por Abismo Editores, dedicada a la ficción breve peruana desde hace nueve años, me ha concedido el honor de publicar dos microrrelatos en su Nº 8 de marzo de 2016.

Muchas gracias a Rony Vásquez  y al resto de miembros del Comité Editorial por invitarme.

En este blog Plesiosaurio os podéis descargar la revista en su versión digital (así como todas las publicadas hasta la fecha).

En la página 19 del Volumen 2 están mis micros Ana≠anA y Hematófago.

Y en la página 38 hay dos micros de Pedro Sánchez Megreira, uno de ellos me lo dedicó en su libro Verde como el Hielo.

Los micros, aquí en los Montes:  Ana≠anA y Hematófago.


domingo, 12 de abril de 2015

Benicia y Justino ganan el Wonderland semanal con «El deseo añejo»



El deseo añejo

            Justino se acerca a la higuera apoyado en el bastón y elige un higo maduro. Benicia lo observa desde la silla donde cose unas enaguas. Él abre el fruto con delicadeza y una sonrisa le estira las arrugas. Se vuelve hacia su mujer, que rápidamente baja la vista cansada a la costura. Benicia se pincha un dedo con la aguja, se lo lleva a la boca y alza la mirada. ¡Cómo me engatusaste, zalamero!, le dice. Luego alarga la mano para recibir la mitad del higo que Justino le ofrece abanicando la sonrisa. ¡Anda, pon los higos a secar, zamacuco!

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Este microrrelato ha resultado ganador semanal el 11/04/2015 en el programa Wonderland de Ràdio 4 de Radio Nacional de EspañaPincha AQUÍ si quieres leerlo en la página oficial.

Si quieres oírlo leído por mí y los comentarios recibidos por los profesores de
l´Escola d´Escriptura del´Ateneu Barcelonès, puedes hacerlo AQUÍ a partir del minuto 27'.

* * *

También resultó finalista trimestral el 04/07/2015. AQUÍ la página oficial.

domingo, 22 de marzo de 2015

Picazones



             El palo de roble tallado que tenía Doña Mariana para rascarse la espalda terminaba en una pequeña mano cóncava. La artrosis le impedía hacerlo sin esa ayuda. Los picores comenzaron hace cinco años, justo la misma tarde en la que su hija abandonó el pueblo con una maleta de madera y una vergüenza.
         Cuando Don Sebastián se murió fue enterrado con su honor y Mercedes trajo a Pablito. Doña Mariana ya no siente picazón, sin embargo le gusta llamar al nieto para que le friccione la espalda, quiere sentir esa mano tierna acariciando la piel mientras sonríe a su hija. 

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Este relato ha quedado finalista semanal (21/03/2015) en el concurso Wonderland de RNE.


miércoles, 4 de febrero de 2015

Avistar

Fotografía de Christian Pereira Rogel

             En la playa, un anciano vasco guía de la mano a su nieto. Le cuenta, otra vez, que fue el mejor avistador de ballenas, que determinaba la distancia escuchando su canto con una caracola y que veía su huella en la lejanía. Las palabras, como los granos de agua y las gotas de arena, modelan los sentimientos del niño. El nieto, con los ojos cerrados al mundo, pasa la lengua por los labios, granitos de sal; siente el calor del sol que arrebola su cara como a las nubes y le pregunta, por primera vez, a qué distancia podía ver.

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Con este microrrelato he participado en el concurso Calendario Microcuentista 2016, que llevará esa fotografía para el mes de enero. Pinchad AQUÍ si queréis leer ganador y finalistas. 

lunes, 19 de enero de 2015

7/ Benicia, Justino y el pensamiento único



    Justino guarda dentro de la alacena tres libros que dejó olvidados la maestrita que se hospedó en su casa, allá por los sesenta, antes de emigrar él a la capital a mover ladrillos: Don Quijote de La Mancha, La Sagrada Biblia y Ulises de Joyce. En alguno de los ratos que «ociosea», que son frecuentes desde la jubilación y su regreso al pueblo, se da a la lectura. Con el dedo cementado recorre los lomos, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, leyendo los títulos, para terminar habitualmente asiendo El Quijote. Piensa que de los tres es el único que muestra con claridad cómo de loco acaba el que lee siempre de lo mismo.
    Uno de esos días de agosto en los que leía bajo la parra le dijo a su no menos anciana mujer:
    —Mira lo que pone aquí: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura».
    —¿Y eso quién lo dice? —preguntó Benicia que, sentada en la silla de esparto y con las manos ajadas de fregar suelos, desgranaba guisantes para la cena.
    —Pues no me queda muy claro si fue un tal Feliciano de Silva, el propio Don Quijote o el autor Don Miguel de Cervantes —respondió Justino sin dejar de ojear lo leído.
   —¡Hombres! Siempre pensando en lo mismo —sentenció Benicia y se llevó un grano esmeralda a la boca.



martes, 11 de noviembre de 2014

Benicia y Justino en la Internacional Microcuentista






Hoy, con Benicia y Justino, los Montes de Toledo se ven desde todo el mundo. Nada más y nada menos que gracias al telescopio de Internacional Microcuentista.

Pinchad AQUÍ para visitar el blog de la revista. 

Para celebrarlo se van a preparar unas migas con chorizo.



Si quieres conocer en detalle a Benicia y Justino, móntate en esta burra. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

Función de noche




            Me he comprado unas gafas que detectan el calor del cuerpo humano y permiten ver en la oscuridad. Las llevaban unos soldados en una película moderna de esas que no entiendo. A mí las que me gustan son las que veía contigo, dados de la mano, en la última sesión de los sábados en el cine Coliseum, las mismas que luego volvieron a televisar presentadas por Carmen Sevilla. Por eso he pedido a nuestro nieto que me busque a buen precio una colección del cine español.

            En estas largas vigilias de insomnio y soledad me siento como encerrado en una filmoteca donde reponen todos los recuerdos. A veces lloro, igual que con las torturas en «El crimen de Cuenca», por un delito del que no soy responsable: sobrevivirte. Mas ahora volveré a ver las películas en mi habitación, con la luz apagada, y me reiré hasta perder la dentadura. Además, las noches que sienta tu calor a mi lado me colocaré las gafas esas, te daré la mano y te veré como cuando estábamos en la penumbra del cine, aunque sea todo en verde.

* * *
Con este microrrelato he participado en la propuesta del mes de octubre (...en aquella película de los 70) del concurso «Esta noche te cuento». Pinchad AQUÍ si queréis leer el relato y los comentarios recibidos en el blog de los organizadores.

sábado, 11 de octubre de 2014

El corazón no entiende de mojones, finalista en Wonderland

(Fotografía manipulada de Lubomir Bukov)

            Todas las tardes, poco antes de la puesta del sol, Gloria se cruza con Emilio en la calle Real. Ella camina hacia la iglesia a rezar las cuentas de su rosario. Él se dirige a la taberna a orar con sus chatos de vino. Cuando se trenzan sus miradas, dulces, tristes, silenciosas, los corazones palpitan una danza desbocada y, aunque no se dicen nada, las sombras de sus almas, tercamente jóvenes, rumian las fiestas del Carmen de hace cincuenta y dos años. Bailaron durante toda la noche y se enamoraron para siempre..., pero las tierras de sus padres no lindaban.

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 Esta versión en cien palabras del microrrelato «El corazón no entiende de mojones» ha quedado finalista semanal del concurso Wonderland de RNE 4, del día 11 de octubre de 2014.

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Esta semana los Montes de Toledo se han visto desde Argentina:


Desde Córdoba: La escritora Patricia Nasello ha incluido el microrrelato «Sarmiento quebrado» en su antología digital de microficción «Piedra y nido». ¡Qué pasada! Allí entre tantos grandes autores. Muchas gracias, Patricia. Pinchad AQUÍ para leerlo.
Os invito a que os deis un paseo por su blog, encontrareis buenos relatos.


Desde Buenos Aires: El escritor  Guillermo Mayr  mantiene una antología digital en su blog «El jinete insomne» y allí se ha llevado mis «Flores de la Memoria», flores para no olvidar. ¡Alucino!. Muchas gracias, Guillermo. Pinchad AQUÍ para leerlo.
No dejéis de daros un paseo por su blog, merece la pena.




domingo, 31 de agosto de 2014

Hematófago


            Siempre me han gustado los murciélagos. En la troje de la casa de mis abuelos en el pueblo habitaban media docena. Creo que por su culpa y mi depravación me aficioné al tabaco. En la hora de la siesta echábamos nuestros pitillos y charlaba con ellos. Al principio no me contestaban, pero en contra de su fama son bastante agradables. Adquirí sus costumbres, me gustaba subirme a un árbol y observar el mundo colgado del revés. Este hábito no lo he perdido, algunas noches desengancho la bicicleta del techo de la terraza y me cuelgo bocabajo. Veo el cielo a mis pies y la calle sobre mi cabeza. Las luces de las farolas parecen estrellas, y estas charquitos.
            Cuando hay luna llena echo en falta la capacidad de volar para acompañarlos en sus cacerías, por eso no tengo más remedio que caminar hasta el parque y buscar la víctima.

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Con este microrrelato he participado en la propuesta del mes de agosto («...bajo la luna llena) del concurso «Esta noche te cuento». Pinchad AQUÍ si queréis leer el relato y los comentarios recibidos en el blog de los organizadores.

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Este microrrelato fue finalista en el Concurso 3x200 que Cuentos para el Andén organizó con motivo de La noche de los libros, Madrid 2014.

miércoles, 9 de julio de 2014

Anamnesis

(Posada de la Sangre - Toledo 1930)

            A mi abuelo lo habían matado en la guerra. Mi padre, que entonces tenía nueve años, nunca me habló de ello. Siempre que pasábamos por las ruinas del Parador de San Prudencio me hacía detener el coche. Con la cabeza gacha apoyaba la mano en el muro. Luego, con lágrimas en los ojos, miraba el valle del Tiétar.

            La otra noche regresábamos de Talavera en la furgoneta, al tomar la curva que enfila la posada me deslumbraron unos focos y fuimos a estrellarnos al portalón. Aturdidos nos bajamos, metimos el carro en el patio y desenganchamos las mulas. No advertí nada extraordinario. El posadero le llamó «¡Benito!», como a mi abuelo, y a mí «zagal», y me dijo que diera de beber a las caballerías. Me dejaron solo. Al poco, llegó un camión lleno de hombres armados. Lo vi todo, a culatazos sacaron a mi padre, a otros arrieros, al ventero y a su mujer. Les dispararon en la cabeza. ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!

            Al rato sentí que me hablaban, oí entre sueños la sirena de una ambulancia. Cuando me recuperé estaba aquí, en el hospital. Más tarde me dijeron lo del accidente y que él había muerto. ¿Entiende?
* * *
(Parador de San Prudencio N-502)

Con este microrrelato participo en la propuesta del mes de abril («...en un hotel de carretera) del concurso «Esta noche te cuento». 
           
Pinchad AQUÍ si queréis leer el relato y los comentarios recibidos en el blog de los organizadores.

viernes, 6 de junio de 2014

Viejos amigos, una aproximación al mundo de la vejez


La idea del escritor Pablo Gonz de hacer un audiolibro de microrrelatos en homenaje a nuestros mayores (Ver mi entrada Viejos amigos -Audiolibro) ha sido llevado por Internacional Microcuentista a una bella antología en formato digital que podéis leer a continuación, e incluso descargar.
Mi aportación es El corazón no entiende de mojones, en la página 34, pero sin duda los mejores relatos son los demás.

miércoles, 16 de abril de 2014

Viejos Amigos - Audiolibro


Los Montes de Toledo se ven (y se oyen) desde Chile.

El escritor Pablo Gonz se propuso hacer un audiolibro de microrrelatos en homenaje a nuestros mayores. Este es el resultado:
UNA APROXIMACIÓN LITERARIA AL MUNDO DE LA VEJEZ.

Reúne 69 microrrelatos de 47 autores leídos por 5 locutores, procedentes de seis países: Argentina, Chile, Perú, Colombia, México y España.
Podéis escuchar y descargar GRATIS el mp4 AQUÍ, y hacer un buen regalo a vuestros mayores.
Gracias, Pablo

Yo participo con «El corazón no entiende de mojones» que podéis escuchar a partir del minuto 28'30".  Locutor: Álvaro Morgan . Si lo quieres leer, está AQUÍ.

martes, 8 de abril de 2014

Abrazos (Objęcie, Uścisk)



(A Cristina y Helena)

            —Pero ¿qué está pasando aquí? —pensé cuando el líquido en el que vivía desde hacía unos meses se escapaba.
            Hasta la fecha me las había apañado muy bien solito en mi mundo: aparte de dormir, comer y dar alguna que otra patada, no tenía mucho que hacer, salvo chuparme el dedo.
            Me pasaba todo el día con mi mamá, allí donde fuera, yo la acompañaba. De mi papá poco podía decir, solo que al llegar del trabajo me solía despertar del sueño nocturno.
            Cuando me quedé sin líquido en el que moverme experimenté una sensación extraña, pero enseguida, al percibir aún más la cercanía de mi madre, me sentí seguro. Este estado duró poco tiempo, pues pronto empecé a notar que me presionaban. Yo estaba boca abajo y no podía moverme. Bueno, la verdad es que últimamente disponía de poco espacio para desplazarme, pero como con todo, uno termina habituándose. Mi mamá no paraba de trajinar por todos lados hasta que la fuerza empezó a ser periódica. Esto no me había pasado nunca.
            Al poco vino mi padre, cosa extraña que volviera del trabajo tan temprano, y salvo cada diez minutos que mi madre se sentaba, no dejábamos de movernos de un lado para otro. Sin embargo, justo al pararse era cuando a mí me empujaban con mayor intensidad, y mamá empezaba a respirar de una forma a la que no me tenía acostumbrado, produciendo un sonido que nunca había oído.
            En el momento en que la presión que sentía en la espalda y por todos lados se hizo muy intensa, a mi padre le dio por darnos un paseo en coche, y además dando muchos frenazos y haciendo sonar la bocina constantemente.
            Al rato parece que todo se relajó un poco, y noté cómo mi madre se acostaba, pero también empecé a preocuparme porque la oía dar voces. Yo sentía cómo mi cráneo empujaba hacia un pequeño agujero que poco a poco se iba agrandando. Me empezó a doler mucho la cabeza y el oír gritar a mi mamá no me ayudaba nada. El sufrimiento fue en aumento, más intenso y fuerte. Gritos de mi madre. Tortura. Daño. Tormento. El corazón me latía muy deprisa y el de mi mamá también, aquel maldito hueco era muy estrecho y otra vez. Gritos. Dolor. Suplicio. Y así hasta un último empujón que hizo que mi cabeza saliera del vientre de mi madre.
            —Vamos, un esfuerzo más, que ya ha pasado lo peor —oí decir a una voz desconocida.
            Cuando por fin todo mi cuerpo pasó por aquella puerta, mis dolores desaparecieron y mi mamá dejó de gritar. Abrí un poco los ojos y, con los pies arriba y la cabeza abajo, vi por primera vez a una mujer que me tenía sujeto por los tobillos, momento que aprovechó para darme una azotaina. El aire entró por la nariz y salió con rapidez por mi boca un sonido extraño, pero que pareció alegrar a la comadrona, pues me dio la vuelta y con las manos enguantadas me abrazó protocolariamente, como se abraza a cualquier extraño al que ayudas y luego te da las gracias, era mi deber, mi trabajo, no te preocupes, una palmadita en la espalda y a otra cosa. Supongo que la buena señora estaba acostumbrada a recibir nuevos personajillos en este mundo y tendría ganas de irse a fumar un cigarro, de modo que este abrazo, el inaugural de mi vida, fue un poco de compromiso, algo así como: «Bienvenido, chaval, que me has fastidiado la final de Gran Hermano». La verdad es que lo recuerdo con mucha ilusión, y dado que aquella mujer fue el primer humano que vi, la constituí en mi patrón de belleza.
            Del segundo abrazo que recibí me acuerdo de todo: el cariño, la ternura, el contacto de mi piel sobre la suya, los labios sobre mi cara, unas manos que me abarcaban todo, y las palabras que lo acompañaban. Mi manita agarrando su inmenso dedo índice mientras que con el pulgar me contaba los deditos, luego con la otra, y los besos en la frente y en los ojos, el susurro, el mi cielo, mi amor, qué guapo es, a quién se parece. Sobre todo recuerdo el halo de amor que mi mamá emanaba y me abrazaba por todo el cuerpo, que nunca en mi vida olvidé ni dejé de sentir. Si la comadrona era la unidad de belleza, la de mi madre era el infinito, y eso que acababa de sufrir mucho, que cuando días después la vi sin dolor, fue el infinito y más allá. Lo mismo me pasó con el abrazo, ningún otro llegará a alcanzar el clímax de amor que el que me dio mi mamá aquel primer día.
            De pronto me apartaron del paraíso y en volandas me depositaron en los brazos de un hombre joven que, por la lágrima que le salía a modo de estigma, deduje que era mi padre. A pesar de tener los brazos musculosos y las manos fuertes, su abrazo era flácido, sin sustancia, dejándome caer la cabeza hacia atrás de forma que apenas me permitía verle. Queriendo pero no sabiendo cómo ni dónde tocarme y besarme, me dio un tímido beso en la frente y, mudo, sin saber qué decir ni hacer conmigo, mirando a los demás, me entregó en los brazos de mi abuela. Y pues eso, que papá debería mejorar mucho para acumular unidades de belleza, y realizar muchas prácticas para aprender a abrazar, pero de eso ya me encargaría yo, a partir de la primera noche en vela.
            Y el abrazo con el que me recibió mi abuelita…, pero eso es otra historia.

* * *




Relato incluido en el nº 26 de la revista «¿Español? Sí, gracias», publicada en Polonia por la Editorial Colorful Media para aprender español de los Montes de Toledo. Va acompañado de un amplio vocabulario en polaco.

Pinchad en las fotos para ver el original y aprender algo de polaco.



miércoles, 5 de marzo de 2014

9/ Benicia, Justino y los mercados

(Ilustración de L.Yáñez)


            Sentado en el verraco de granito que se trajo su padre de Torralba de Oropesa y que hace las veces de poyete junto a la puerta de la casa, Justino ojea el periódico que está en el suelo. Pasa las páginas con el bastón. A esa distancia solo puede ver los santos y las letras gordas.
          —Afirman los americanos que nuestros bancos, mercados y bonos son basura —informa a Benicia, que justo en ese momento monda patatas y recuerdos en la pila de lavar.
            —En lo de los abonos quizás tengan razón —responde Benicia acordándose de las aceitunas—, que a mí el aceite no me sabe igual desde que fumigamos los olivos. Sin embargo, en el mercado de Talavera buenas hortalizas que hay. Y en lo de los bancos —señala con el cuchillo al granito— es porque no han visto donde estás sentado —dice socarrona.
            —No, mujer, si se refieren a los dineros —aclara el lector de la prensa bastonada, pero Benicia apenas escucha pues está recordando a los americanos de La diligencia, que montados en el balcón del ayuntamiento disparaban a los indios que los perseguían desde la ventana de la botica. 

(La diligencia, John Ford)

            Justino pasa a garrotazos las páginas de economía y fútbol y al llegar a las de anuncios por palabras las enumera en silencio.
         —Estas son las que de verdad indican el estado del mercado: a más páginas, más miserias —asevera con voz labrada.
            —¿Y América por dónde cae? ¿Por el alba? —pregunta Benicia, que una vez peladas las patatas (como si fueran cabelleras) se ha puesto a quitar las pequeñas picaduras con la punta del cuchillo.
            —Por el ocaso —Y Justino señala con la garrota hacia la zahúrda.
           —Me lo barruntaba —responde su mujer. Luego, coge las mondas y las lleva al cubo de la basura.