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martes, 13 de septiembre de 2016

10/ Benicia, Justino y los filósofos

(Vincent van Gogh, viejo leyendo)

Benicia y Justino están sentados a la mesa camilla sobre la que hay una botella de vino tinto, un vaso y trozos de pan. Él lee un viejo Selecciones del Reader's Digest cosido con hilo de bramante en el lomo. Ella se sienta de lado con un cubo de aluminio entre las piernas, está picando una sandía.
—Mira, dice un filósofo, un tal Heráclito, que un hombre no se baña dos veces en el mismo río —comenta Justino, y alza la vista a la jofaina que se ve en la alcoba.         
—Pues las mujeres, cuando éramos jóvenes, nos lavábamos en la garganta una vez al año, por la Virgen de agosto, aunque no nos hiciera falta —responde Benicia, y se le viene a la mente las risas mojadas en la charca.
—¡No, mujer!, se refiere a que como el agua corre, cuando vuelves a entrar ya no es la misma y por lo tanto el río es otro —aclara Justino, luego toma el vaso y echa un trago.
—Nosotras sí que éramos otras, que los años no pasan en balde —dice Benicia, y se agacha con el cuchillo en punta para atrapar un trozo de sandía que ha caído fuera del cubo.
Justino se queda meditando la respuesta de Benicia, entra en duda y la imagina vestida con una túnica blanca, sentada en las escaleras de un templo y rodeada de jóvenes.
—¿Quiénes son los filósofos? —pregunta Benicia.
—Aquellos que reflexionan sobre los asuntos de la vida —responde Justino, y deja la revista zurcida sobre la mesa.
—¡Ah! ¡Como las amas de casa! —exclama Benicia, y empieza a migar los mendrugos— ¿Y tú en qué pensabas mientras segabas?
—En el tiempo, observaba el cielo, las nubes; calculaba cuántas fanegas sacaríamos; en que debía limpiar el granero; en si el muchacho llegaría para la trilla y en qué sé yo qué otros menesteres.
—Entonces tú también eras pensador, pero no comprabas la comida en los comercios. ¡Anda!, deja de beber y acerca esto a tus amigos —dice Benicia. Luego, se sacude las migajas del mandil.
Justino se levanta, toma el cubo, con paso quedo se acerca al corral trasero, abre la puerta de la cochiquera y dos hermosos cerdos lo miran con ojos de sabiduría.
—¡Aristo!, ¡Sócrates!, aquí os traigo la manduca que os ha preparado Benicia de Alejandría.


martes, 5 de abril de 2016

Ciclo de lavado



            María saca la ropa de la lavadora, la tiende en las cuerdas del patio, en el extremo está María que recoge las prendas secas y las lleva al cesto de mimbre donde está María, que las plancha, las dobla y las traslada al dormitorio donde está María haciendo el amor con su marido, que insatisfecha se dirige al cuarto de aseo donde está María bañando a los niños, que recoge la ropa sucia y la acarrea a la cocina donde está María, que deja de guisar para portarla a la terraza donde está María, que la introduce en la lavadora.

* * *


Este microrrelato ha resultado finalista semanal el 02/04/2016 en el programa Wonderland de Ràdio 4 de Radio Nacional de España Pincha AQUÍ si quieres leer en la página oficial el ganador y los otros finalistas.


jueves, 14 de febrero de 2013

Jaculatoria

  


















  

* * *
            ¡Ahí está!, embutida en un traje corto y generoso de escote. Y él con la mirada en su culo.
            Mi Manolo me quería. Cuando fallecí, sacó mi fotografía y la puso sobre el televisor. Desde aquí veo la mesa, el sillón y, encima, el Sagrado Corazón en su vitrina. He sufrido al verlo padecer con el Betis y cenar sardinas en lata.
            Una noche bajó la vecina que tendía la ropa chorreando. Se desabrochó tres botones de la blusa y al poco apareció él con el salero.
            Sólo habían pasado siete años cuando Manolo empezó a salir los domingos. No se lo reprocho, yo me encuentro más ajada y él tan fresco, pero esta mañana me extrañó que limpiara por primera vez el polvo, sacase la imagen de la vitrina, la colocara mirando hacia la pared (cuando sabe que así se puede vencer), y que pusiera la mantelería de Lagartera.
            Ahí están, comiéndose un pollo frito. No paran de reír, pero... ¡Será golfa!, pues no va y se tumba despatarrada en el sillón, ¡cacho pendón! y... ¡Ah!, ¿pero qué haces Manolo?, ¿adónde me llevas? ¡No!, ¡otra vez al cajón de la cubertería, no!
            ¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío!

***

Con este microrrelato he participado en la propuesta del mes de febrero (con el tema «El retrato») del blog Estanoche te cuento. Su objetivo era "encontrar inspiración en El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, para darle vida a esos personajes especiales que aparecen... enmarcados".

Pinchad AQUÍ para leer el relato y los comentarios recibidos en el blog de los organizadores.