domingo, 22 de marzo de 2015

Picazones



             El palo de roble tallado que tenía Doña Mariana para rascarse la espalda terminaba en una pequeña mano cóncava. La artrosis le impedía hacerlo sin esa ayuda. Los picores comenzaron hace cinco años, justo la misma tarde en la que su hija abandonó el pueblo con una maleta de madera y una vergüenza.
         Cuando Don Sebastián se murió fue enterrado con su honor y Mercedes trajo a Pablito. Doña Mariana ya no siente picazón, sin embargo le gusta llamar al nieto para que le friccione la espalda, quiere sentir esa mano tierna acariciando la piel mientras sonríe a su hija. 

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Este relato ha quedado finalista semanal (21/03/2015) en el concurso Wonderland de RNE.


jueves, 12 de marzo de 2015

Cartas perdidas




            En Amalia, al sur de la Isla del Recuerdo, hay un lago de buzones formado por el fenómeno atmosférico conocido como Viento de la Guerra. En aquellos países azotados por este huracán, los buzones son arrancados de cuajo y transportados hasta esta isla donde se precipitan como lluvia de metal. En ocasiones se ven mujeres vestidas de blanco que caminan entre el agua de aluminio, dicen que vienen a buscar la carta que nunca les llegó.

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miércoles, 4 de marzo de 2015

Deliberación

Fotografía de Christian Pereira Rogel

            En el crepúsculo, después de asistir como oyente en la fábrica de togas, me gusta observar la ciudad desde este puente que me hace de balanza. La maternal calle que durante el día acoge en su seno a los desahuciados, niños abandonados y ancianos desvalidos, se llena con los arrieros de la noche que buscan a los consumidores de placeres entre relejes de neón. Es la hora del cortejo de las luciérnagas. El hombre inventó la luz artificial para recuperar el color de los sentidos. Es en estos momentos cuando dudo de que la nocturnidad sea o no un agravante.

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Con este microrrelato he participado en el concurso Calendario Microcuentista 2016, que llevará esa fotografía para el mes de febrero. Pinchad AQUÍ si queréis leer ganador y finalistas. 

jueves, 26 de febrero de 2015

La cadena en «La taberna del Callao»

(Ilustración de La Tía Gertrudis para el relato)

El relato «La cadena» que me publicó «Cuentos para el andén» en el Nº 9, ilustrado por La Tía Gertrudis, ahora en audio gracias a Javier Merchante y su equipo de actores de «La taberna del Callao».
Pincha en la imagen si lo puedes escuchar, y AQUÍ si quieres leerlo al mismo tiempo





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Por otro lado, «Un cuento al día» me ha publicado este mes dos microrrelatos:


miércoles, 4 de febrero de 2015

Avistar

Fotografía de Christian Pereira Rogel

             En la playa, un anciano vasco guía de la mano a su nieto. Le cuenta, otra vez, que fue el mejor avistador de ballenas, que determinaba la distancia escuchando su canto con una caracola y que veía su huella en la lejanía. Las palabras, como los granos de agua y las gotas de arena, modelan los sentimientos del niño. El nieto, con los ojos cerrados al mundo, pasa la lengua por los labios, granitos de sal; siente el calor del sol que arrebola su cara como a las nubes y le pregunta, por primera vez, a qué distancia podía ver.

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Con este microrrelato he participado en el concurso Calendario Microcuentista 2016, que llevará esa fotografía para el mes de enero. Pinchad AQUÍ si queréis leer ganador y finalistas. 

lunes, 26 de enero de 2015

Sabor amarillo verdoso


            Descubierta la causa del anieblado paisaje cántabro que durante los últimos días ha ocultado buena parte del territorio, el gobierno autonómico está estudiando qué medidas tomar para recuperar el color verde. Es conocida la existencia de culturas que no permiten que se les fotografíe, aducen que pierden el alma. Como consecuencia de la campaña «a qué sabe Cantabria» por todas las ferias internacionales, ha sido tal la afluencia de japoneses que además de marcharse con la tripa llena de los sabrosos guisos, han agotado las memorias de sus cámaras con fotografías de las montañas, los valles y las playas, hasta el extremo de llevarse el alma del paisaje. En el aeropuerto de Santander se les ha pedido que eliminen la mitad de las imágenes, han accedido con su gran sonrisa amarilla pues saben que el sabor cántabro nunca se les podrá borrar de la memoria.

            La sorpresa ha sido que levantada la niebla todo está en su sitio y color, salvo los pastos. Se sospecha que como fruto del efecto llamada de la calidad de la leche y los quesos, y aprovechando que nadie las veía, las vacas de los territorios adyacentes han entrado y pastado a sus anchas.

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Esta ha sido mi aportación al concurso «A qué sabe Cantabria» —organizado el Parlamento de Cantabria con motivo del XXXIII Aniversario del Estatuto de Autonomía— y que ha sido seleccionado para su publicación. Aquí podéis leer y descargar el pdf con el relato ganador, los finalistas y los seleccionados. 

lunes, 19 de enero de 2015

7/ Benicia, Justino y el pensamiento único



    Justino guarda dentro de la alacena tres libros que dejó olvidados la maestrita que se hospedó en su casa, allá por los sesenta, antes de emigrar él a la capital a mover ladrillos: Don Quijote de La Mancha, La Sagrada Biblia y Ulises de Joyce. En alguno de los ratos que «ociosea», que son frecuentes desde la jubilación y su regreso al pueblo, se da a la lectura. Con el dedo cementado recorre los lomos, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, leyendo los títulos, para terminar habitualmente asiendo El Quijote. Piensa que de los tres es el único que muestra con claridad cómo de loco acaba el que lee siempre de lo mismo.
    Uno de esos días de agosto en los que leía bajo la parra le dijo a su no menos anciana mujer:
    —Mira lo que pone aquí: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura».
    —¿Y eso quién lo dice? —preguntó Benicia que, sentada en la silla de esparto y con las manos ajadas de fregar suelos, desgranaba guisantes para la cena.
    —Pues no me queda muy claro si fue un tal Feliciano de Silva, el propio Don Quijote o el autor Don Miguel de Cervantes —respondió Justino sin dejar de ojear lo leído.
   —¡Hombres! Siempre pensando en lo mismo —sentenció Benicia y se llevó un grano esmeralda a la boca.