lunes, 17 de agosto de 2015

Las bicicletas son para el Genaro

(Pastor en su bicicleta por Teuku Jody Zulkarnaen)

            Genaro trabajaba en la tienda del duro y por eso se compró una bicicleta. Todo comenzó cuando le robaron las ovejas. Con dolor se tuvo que marchar a la ciudad, le dieron trabajo en un comercio que suministraba modestas prendas de vestir, vendía a plazos, un duro al mes. Su encomienda era visitar los pueblos de la comarca para llevar la mercancía que compraban por catálogo y cobrar el duro. Para ello necesitó la bicicleta, aunque él no sabía manejarla. Los primeros días no lograba mantenerse en equilibrio, resolvía ir andando y llevarla del manillar, pero se le echaba la noche. Con tesón y coscorrones terminó por dominar a la bestia, al poco tiempo alcanzaba el centenar de metros zigzagueando. Si para ascender las cuestas añoraba el burro, en los descensos empezó a disfrutar del placer de la velocidad. Una tarde, bajando una pendiente, no pudo frenar a tiempo, se salió de la calzada, la bicicleta se clavó en la cuneta y él voló por lo alto del terraplén, sobrepasó unas retamas y fue a caer encima de un rebaño de ovejas que sesteaban. El susto fue tan grande como la alegría por el reencuentro.

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Con este microrrelato estoy participando en el concurso Esta noche te cuento en el que en homenaje a la Vuelta Ciclista hay que introducir el elemento "Bicicleta" en el relato.
AQUÍ podéis leer el relato en la página de los organizadores.

viernes, 17 de julio de 2015

La morgue doméstica


            Todas las viviendas deberían tener una morgue. Igual que disponen de cuarto de baño en el que asearse, cocina donde transformar los productos en alimentos, comedor para reunirse y dormitorios en los cuales descansar, tendrían que tener habilitada una estancia en la que depositar todas las desavenencias profesionales, familiares y personales, todos aquellos monstruos que nos amargan la vida. Al regresar del trabajo entrar directo en ella y dejar allí las voces del jefe, los insultos a los empleados, el cabreo con los políticos, el aliento alcohólico, las infidelidades. Al salir de casa arrinconar los sofocos con las facturas y las calificaciones de los hijos, los desamores, las mentiras, las declaraciones de la renta. Un aposento que nos haría la vida más feliz. Se lo propuse a mi familia, en plan experimental coloqué una urna en el vestíbulo y al entrar o salir tirábamos los problemas, los disgustos, las discusiones. Por la noche, cuando bajaba la basura, también la vaciaba. Entre los restos aparecían la botella, el mal humor, los gritos, mis arañazos. Una noche fueron mi marido y mis hijos los encargados de esta labor, me sorprendió verme dentro de la urna y que no la retornaran a casa.

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Con este microrrelato he participado en el concurso Esta noche te cuento en el que en homenaje al centenario de La metamorfosis había que incluir cualquier tipo de monstruos.
AQUÍ podéis leer a los ganadores y finalistas.

miércoles, 8 de julio de 2015

Vómitos


            El primer grifo lo vomité cuando ella se fue con el bailarín de tangos; el segundo, al reunirme con el equipo de gobierno y decirle que todo iba bien; el tercero, después de salir al balcón y recibir la aclamación popular; los siguientes no lo recuerdo, supongo que con el alcohol y tras romper la cristalera, pero el último, el más grande, el que me arrancó el estómago, fue cuando me llamó y me pidió perdón.


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Con este microrrelato he participado en el concurso Calendario Microcuentista 2016, que llevará esa fotografía para el mes de mayo. Pinchad AQUÍ si queréis leer ganador y finalistas. 

miércoles, 17 de junio de 2015

La fragua

(La fragua- Francisco de Goya)

            Depositados entre la herrumbre del patio, la zarina Alexandrovna (campana rusa que mantiene que el sabor a pólvora de su sonido inspiró a Tchaikovski el final de la Obertura 1812) encela al siempre sonriente almirante Nelson (ancla del Victoria, buque insignia en Trafalgar) con sus amores con el emperador Napoleón (cañón que resultó herido en Waterloo y que ahora está desvencijado en el almacén de desguaces).
            —Tras la batalla trajeron a casa del maestro campanero los restos de los cañones muertos, entre ellos venía herido uno de mi edad, quebrado y triste, al que pusieron a mi lado en la fragua. Yo llevaba años aguardando un badajo para ser trasladada a una catedral rusa, pero los tiempos andaban revueltos. El maestro, a quien no se le habían pasado por alto mis coqueteos con mi héroe, un día se lo llevó y me lo trajo transformado en un hermoso badajo que introdujo en mi interior.
          —Olvídese de esa relación oxidada e iniciemos un romance pulido, déjeme ser su campanero y que le arranque talanes de placer, ¡huyamos en mi navío! —le poetiza Nelson con voz húmeda. Alexandrovna se pone un poco ocre.
            Luego, enmudecen al ver acercarse batas azules con sopletes.


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(Fotografía de Eva García)

Este microrrelato ha sido seleccionado (co-ganador) en el concurso Esta noche te cuento, en el que en homenaje al segundo centenario de la batalla de Waterloo había que incluir cualquier tipo de cañón.
AQUÍ podéis leer el resto de ganadores (seleccionados para el libro) y los finalistas (mencionados).


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 Como premio ha sido incluido en el libro «Cincuentos»
e ilustrado con una fotografía de Eva García

lunes, 15 de junio de 2015

Juego del escondite

(Foto de Valentín Vega)


            Fue un chaval sigiloso y atrevido, siempre salvaba a los compañeros en los juegos infantiles. Era al que se le ocurrían las mejores travesuras, como la de colocar el cubo de agua con polvo de tiza encima de la puerta a la espera de que entrara el maestro; el más audaz con las chicas, el único que consiguió un beso de Milagritos, la inaccesible hija del alcalde; solidario con los amigos, compartía el bocadillo de la merienda; generoso, te perdonaba los cromos y las canicas. Y fuerte, fuerte como un formón de arado, él solo sujetó la puerta de la cuadra mientras que nosotros huíamos por la gatera del pajar. Aguantó toda la tortura en el cuartelillo y aun sin uñas no nos delató. «Por mí y por todos mis compañeros», dicen que gritó antes de que sonara la descarga.

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martes, 26 de mayo de 2015

Fisura

(Fotografía realizada por Rafa Heredero para ilustrar el micro)

            Te entrega la carpeta de sentencias, lees la primera, miras el calvario que tienes sobre la Biblia. Después, firmas esa y todas las del día. Te llevan a casa. Al llegar, te desvistes con sonidos metálicos. Te pones el batín, besas a tu mujer, ríes, juegas con los hijos pequeños —los mayores están afuera—, colaboras en la preparación de la cena. Oyes gritos en el recibidor, tu primogénito —que es bueno y generoso como su madre— ha dado una patada en el ojo a su hermano —el que ha salido a ti, fuerte y bravo— por no dejarle la bicicleta. Más tarde, con tu mujer, acuerdas cuál será el castigo ejemplar. Satisfecho, duermes como si hibernaras, con la conciencia tranquila. Madrugas —siempre a las seis en punto suenan el reloj y las descargas—, te pones tu traje verde. Asistes a misa, comulgas —sin necesidad de confesar tus pecados contra el quinto— y pides a Dios que te ayude a ser justo. Llegas al trabajo devolviendo saludos. Al final del día, el secretario te entrega la carpeta, te acuerdas de tus hijos, miras el calvario, te fijas con detalle en el buen y mal ladrón. Hoy, por primera vez, dudas.

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Este microrrelato ha sido analizado en el Microscopio de Esta noche te cuento, donde se comentan textos sin conocer al autor. Pinchad AQUÍ si queréis ver el resultado. 

martes, 12 de mayo de 2015

El trato


            Moldeó en arcilla el vientre de una mujer —manantial de vida—, sobre él depositó un amuleto de ámbar —símbolo del sol y los espíritus como testigos— y otro de hierro —signo de firmeza en el compromiso—, como señal de que una de sus futuras hijas me sería entregada para un hijo mío y así asegurar la supervivencia de mi grupo. A cambio le entregué pieles de osos y comida para el camino.



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Con este microrrelato he participado en el concurso Calendario Microcuentista 2016, que llevará esa fotografía para el mes de abril. Pinchad AQUÍ si queréis leer ganador y finalistas. 

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Javier Merchante, de La Taberna del Callao, ha puesto voz al micro: