Fotografía de Christian Pereira Rogel
En el crepúsculo, después de asistir
como oyente en la fábrica de togas, me gusta observar la ciudad desde este
puente que me hace de balanza. La maternal calle
que durante el día acoge en su seno a los desahuciados, niños abandonados y
ancianos desvalidos, se llena con los arrieros de la noche que buscan a los
consumidores de placeres entre relejes de neón. Es la hora del cortejo de las
luciérnagas. El hombre inventó la luz artificial para recuperar el color de los
sentidos. Es en estos momentos cuando dudo de que la
nocturnidad sea o no un agravante.
* * *
Con este microrrelato he participado en el concurso Calendario Microcuentista 2016, que llevará esa fotografía para el mes de febrero. Pinchad AQUÍ si queréis leer ganador y finalistas.














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