jueves, 14 de febrero de 2013

Jaculatoria

  


















  

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            ¡Ahí está!, embutida en un traje corto y generoso de escote. Y él con la mirada en su culo.
            Mi Manolo me quería. Cuando fallecí, sacó mi fotografía y la puso sobre el televisor. Desde aquí veo la mesa, el sillón y, encima, el Sagrado Corazón en su vitrina. He sufrido al verlo padecer con el Betis y cenar sardinas en lata.
            Una noche bajó la vecina que tendía la ropa chorreando. Se desabrochó tres botones de la blusa y al poco apareció él con el salero.
            Sólo habían pasado siete años cuando Manolo empezó a salir los domingos. No se lo reprocho, yo me encuentro más ajada y él tan fresco, pero esta mañana me extrañó que limpiara por primera vez el polvo, sacase la imagen de la vitrina, la colocara mirando hacia la pared (cuando sabe que así se puede vencer), y que pusiera la mantelería de Lagartera.
            Ahí están, comiéndose un pollo frito. No paran de reír, pero... ¡Será golfa!, pues no va y se tumba despatarrada en el sillón, ¡cacho pendón! y... ¡Ah!, ¿pero qué haces Manolo?, ¿adónde me llevas? ¡No!, ¡otra vez al cajón de la cubertería, no!
            ¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío!

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Con este microrrelato he participado en la propuesta del mes de febrero (con el tema «El retrato») del blog Estanoche te cuento. Su objetivo era "encontrar inspiración en El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, para darle vida a esos personajes especiales que aparecen... enmarcados".

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martes, 5 de febrero de 2013

El cielo de París



—Juan, ¿te quedaste tú con la tarjeta de crédito de papá?
—No te entiendo, tío, ¿a qué te refieres?
—Sabes que siempre se lamentaba de que mamá se hubiera muerto sin conocer París, mira: «Banco del Espíritu Santo. Cargos por tarjeta. Restaurant Maxim's. 2 servicios»
—¿Qué fecha tiene?
—La del día siguiente del entierro de papá.
—Eso quiere decir que ya están juntos.

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Esta es mi aportación al "II concurso de microrrelatos románticos ACEN" que formará parte del libro "Cachitos de amor II" publicado por ACEN editorial



martes, 22 de enero de 2013

La poda




La poda
            Tumbado en la camilla del podólogo.
            —Han sido muchos años subiendo y bajando ladrillos, no es de extrañar que las uñas, como la vida, me hayan lacerado el cuerpo. Claro que ahora ya tengo tiempo para cuidarme. He cumplido los 55 años. Me han echado de la empresa para que pueda «desarrollar la última etapa de mi carrera profesional en nuevas oportunidades de negocios», me dijo el jefe. El psicólogo me ha animado a realizar «todo aquello que deseé y no tuve tiempo para hacer». Me alegro de que hayan retrasado la edad de jubilación, así podré estudiar arquitectura, encontrar trabajo, ganar dinero, construirme una casa con cuatro viviendas, la planta baja para mi mujer y para mí (pensando ya en la vejez), el resto para cada uno de mis hijos. ¿Sabe?, ahora vivimos todos, con los yernos, nueras y nietos en el piso que heredamos de mis suegros...
            —Por favor, ponga los pies sobre la tierra..., perdón, quiero decir en el suelo —dijo el anciano doctor en prácticas.

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Con este relato participé en Desahuciados-Relatos de la Crisis, una iniciativa de Talleres Paréntesis en colaboración con Ediciones Traspiés.


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viernes, 18 de enero de 2013

La zona de confort


            Desperté sobresaltado al sentir unos dedos que acariciaban mi pecho. Me asusté, no eran los de mi mujer, pero sus caricias me levantaron otros recuerdos e hicimos el amor, ella con pasión y yo con remordimiento. En la cocina me dieron los buenos días y me besaron dos jovencitos que me llamaban papá, mas no eran mis hijos. Los miré con miedo. En la oficina fui recibido con sonrisas y el jefe me felicitó por los resultados en las ventas. Temí lo peor. Trabajé toda la jornada en asuntos que me gustaron. A la hora de salida me puse el abrigo y nadie me preguntó si tenía frío. Llegué temeroso a casa, sin embargo, la mujer me recibió con abrazos y besos; los chicos dejaron de jugar con la consola; todos juntos hicimos la cena y nos sentamos a ver y comentar una película que no disfruté.
            Fue al quedarme dormido cuando volví a sentirme tranquilo al saber que había sido una pesadilla: mi mujer me regañaba por la falta de espíritu, por no buscar un trabajo en el que ganara más, por intentar darle un beso; mis hijos se recluían en sus habitaciones, me evitaban y despreciaban mis conversaciones.
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Con este microrrelato participé en la propuesta del mes de enero del blog Esta noche te cuento.

El tema era «Cuando despertó...»

La ilustración de mes era: 


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lunes, 7 de enero de 2013

Vacagua



             Animal mitológico marino con aspecto totalmente vacuno salvo por el color dorado del cuerpo y la cola, que la tiene muy desarrollada, en forma de periscopio finalizado con un ojo de buey a modo de lente y dos orificios nasales por los que respira. Según la mitología de los pueblos de Asia Menor se trata de la diosa Vaal. Era una de las esposas del dios Baal. Su pasión zoofílica por los toros enojó al cornudo del marido que la convirtió en becerra de oro. Con la propagación del judaísmo, en una de las destrucciones de los ídolos paganos —documentada en las antiguas escrituras (Reyes, 17,2) —, Baalin, joven guerrero hijo de ambos, salvó a su madre arrojándola al mar. Mantuvo el aspecto de vaca dorada y empezó a llamársele Vacagua. Habitó en las praderas submarinas, su amor a los animales se transformó en maternal y se dedicó a amamantar los defines huérfanos. La expulsión de su gas metano originaba hermosas medusas. Cerca de Creta tuvo encuentros vacunos con el Minotauro, engendrando las doradas, apreciadas por los pescadores. Poseidón, harto de que sus caballos se desbocaran cada vez que se cruzaban con ella, la pinchó con el tridente y herida de muerte emergió al otro lado del Mediterráneo, en un espacio de tierra que quedó cubierta por su piel. Los campos de trigo, hasta entonces de color fucsia, adquirieron el aspecto dorado con el que los conocemos hoy día. Cuando la cristianización, Vacagua fue tomada como patrona de los lecheros, de ahí la costumbre de bautizar el litro de leche con una jícara de agua antes de su venta.



jueves, 20 de diciembre de 2012

8/ Benicia, Justino y el deseo añejo




            Justino se acerca a la higuera apoyado en el bastón, tantea algunos higos y elige uno maduro. Benicia lo observa desde la silla donde cose unas enaguas. Él abre el fruto con delicadeza y una sonrisa le estira las arrugas de la cara. Se vuelve hacia su mujer, que rápidamente baja la vista cansada a la costura, y unos hoyuelos como dedales se le marcan en las mejillas surcadas. Benicia se pincha un dedo con la aguja, se lo lleva a la boca y alza la mirada.
            —¡Cómo me engatusaste, zalamero! —le dice. Luego alarga la mano para recibir la mitad del higo que Justino le ofrece abanicando la sonrisa—. ¡Anda, pon los higos a secar, zamacuco!
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Con este microrrelato participo en la iniciativa de Acuática para que escribamos "Un cuento antes del fin del mundo". Si queréis esperar leyendo, AQUÍ encontraréis más de sesenta microrrelatos que son como el Amén de la literatura.



sábado, 15 de diciembre de 2012

Condonación




            Acababas de nacer, es lógico que no lo recuerdes, aunque tú no necesitas recordar. Sin embargo, yo no he podido olvidarlo, tenía diez años y a esa edad aquella atrocidad me marcó para siempre. Vinieron a por ti, pero alguien había alertado a tu padre de lo que ocurriría y huisteis. Se llevó el oro, eso sí, mas fue tan ruin que no avisó a nadie y los mataron a todos. Acumulé el odio y el rencor hasta hacerme mayor. Con veinte años abandoné el pueblo con la idea firme de matarlo. Encontré un oficio que me permitía conocer gente de todas las comarcas y así di con vosotros. Tu padre ya había muerto y dirigí hacia ti mis deseos de venganza, no en vano tú fuiste el motivo. Siempre estabas rodeado de hombres rudos y me fue imposible acercarme sin levantar sospechas. Sin embargo, flaqueé en mi intención al escuchar tus palabras y observar tus hechos. Serías la causa, pero eras buena persona y no pude. Te perdoné como confío en que me perdones tú a mí por clavar esta lanza en tu costado para que no sufras más.
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Con este microrrelato participé en la propuesta del mes de diciembre (con el tema «Aquella Navidad, de niño...») del blog Esta noche te cuento.

Terminad de comer el mazapán, poned vuestra mascota ratonil AQUÍ para leer el relato en el blog de los organizadores y, si os apetece, dejad allí vuestros comentarios.