martes, 26 de junio de 2012

Grises y anodinos

Seres anodinos, de Alvaro Peña

Algunas mañanas al levantarme no me reconozco. Empiezo a vestirme con la ropa de mi mujer sin darme cuenta hasta que llego al baño y descubro que no sé pintarme. Cuando se levanta ella pueden ocurrir dos cosas, que me diga «¡qué payaso!» o que se presente con mis pantalones puestos y el pecho al aire. En el primer caso, procedo rápidamente a ponerme mis ropas, ella las suyas, y pasamos un día normal. En la segunda posibilidad vivimos una jornada impostada.
En las oficinas apenas notan la diferencia, salvo porque ella no se ha afeitado y yo voy sin maquillaje.
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Esta es mi contribución al Vendaval 2012. Si queréis leer los micros presentados a este evento pinchad aquí.


domingo, 17 de junio de 2012

Bostezus

Del latín oscitāre. Dada la naturaleza invisible de estos seres desconocemos su descripción física, por ello enunciaremos la forma de manifestación más usual. Emiten un sonido vocal como de fuelle, con entrada lenta y sonora de aire y salida en exhalación rápida. Habitan en lugares cálidos y se detectan normalmente en atmósferas en penumbra. De fuerte poder reproductor en ambientes culturales. No son dañinos para los humanos, pero sí para los poetas.


















(Foto de Herb Ritts)
Ilustración de Juan Luis López


confession by Peterio
Madre Naturaleza, tomada de internet

domingo, 3 de junio de 2012

Mañana

(Migrant Mother, fotografía de Dorothea Lange)


Llegó a casa con pasos abatidos y manos vanas. Su mujer sabía que lo llevaba intentando durante ocho meses, pero cuando no hay: no hay. Los estómagos de sus cuatro hijos le miraron con deseo. La madre, para mantenerle a flote, atrajo la culpa:
—¡A la cama sin cenar! —les castigó.
Cada niño se propuso para el día siguiente portarse mejor con mamá.
Él pensó que tal vez, y ella que seguro.

miércoles, 16 de mayo de 2012

6/ Benicia, Justino y la razón


Sentados junto a la lumbre, Justino remueve con la rasera las migas que se fríen en la sartén mientras Benicia se arregla el moño con las manos.
—La razón hay que dársela a quien no la tiene —filosofea Justino con generosidad.
Con voz prendida por una horquilla que tiene en la comisura de los labios, Benicia contesta:
—Tienes razón, Justino, como siempre.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Globo sonda


De mi abuelo heredé la costumbre de leer el periódico de la primera a la última página, esquelas incluidas. Era una época en la que no había dinero y el hombre solo podía comprarlo los domingos. No llegó a leer el dominical que precisamente traía la suya.
De mi padre recibí el hábito de adquirir la prensa diaria. Si papá hubiera leído su horóscopo a tiempo, probablemente ahora le tendría en el asilo.
Mientras fui estudiante, entre partidas de mus, tenía holganza para leer completamente todas las páginas. Cuando eché a trabajar me faltó el tiempo hasta para ojear los titulares, pero no perdí las costumbres, de modo que aunque compro la prensa todos los días, llevo mucho retraso en la lectura pues solo puedo leer los domingos, como el abuelo. En el que leía esta mañana — 15 de diciembre de 1976— me he enterado del referéndum sobre la llegada de la democracia y de los grandes avances políticos y sociales que se esperan de ella. Me ha dado un vuelco el corazón, he corrido al quiosco, odiándome por mi maldita metodología heredada, por haberme perdido estos treinta y seis años de progreso.
Tras leer los titulares he suspirado aliviado: ya pensaba yo que no podía ser.

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Con este relato participo en la 3ª jornada de la "Primavera de microrrelatos indignados".
Si quieres leer micros de otros autores también indignados puedes visitar estos blog:
La colina naranja y Explorando Lilliput

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El libro está ya disponible en la página web de ACEN.

Por cada libro vendido se destinará 2€ al Rincón Solidario de ACEN para que lo dedique a alguno de sus proyectos solidarios.

viernes, 27 de abril de 2012

El pozo del deseo


(Pozo de la casa de mis abuelos)

Sacar el cuerpo del pozo le costaría poco esfuerzo. En silencio oprimido, el viejo Tiburcio tejió una red con atillos de esparto, como la que hacía para resguardar en el redil a las indefensas ovejas del ataque de los lobos despiadados. En presencia del señor Juez, de la Guardia Civil y de su joven mujer —que con lágrimas deshilachadas y manos trémulas estrujaba el mandil en un rincón del patio—, colocó el áspero aparejo alrededor del cadáver del señorito Andrés, que flotaba en el agua. Enhebrada la cuerda a la polea, lo extrajo.
Arrojarlo le había costado mucho más.

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Con este relato he participado en el Concurso de microrrelatos "En 99 palabras", organizado por Miguel Ángel Molina, del blog En 99 palabras.
El relato ha sido premiado con el 5º premio, compartido con Oleaje, relato de Agustín Martínez Valderrama, del blog Previsiones meteorológicas de un cangrejo.
Si queréis leer los 150 relatos, así como conocer los autores ganadores, pinchad aquí.

sábado, 14 de abril de 2012

Derechos de autor












Cuando desperté me sorprendió encontrarme al final de una larga fila de personas con el rostro amarillento, como barnizado, que hacían cola delante de una mesa entre nubes. La mayoría vestía sábanas blancas a modo de túnicas, otros llevaban puestos trajes y vestidos de boda, casi todos descosidos por la espalda. Me miré y reconocí mi alcanforado traje de novio. Estaba claro, no había hecho caso al médico: abusé de los chuletones de Ávila y las cervecitas Mahou.
—¿Javier?, bienvenido, escritorcillo —me dijo con sorna un ser con cara angelical cuando me tocó el turno—. ¡Anda que ya te vale!, pasa y sitúate en la zona de los ateos, ¡cabezón! —me ordenó.
Entré en un lugar inmaculadamente blanco, una pradera de nubes en flor, como si todos los cerezos, almendros y jaras hubieran desprendido allí sus pétalos. Otro ángel me entregó unas láminas de arcilla y un cincel, luego me dijo que escribiera un millón de veces la frase «¡Anda, estaba equivocado, Dios sí que existe!», e insistió en que no adjetivara.
Tomé las herramientas de escriba y me aparté al lado derecho de la pradera, cerca del lugar donde pastaban unos camellos. Mira que le había dado vueltas durante años hasta que llegué a la conclusión de que todo esto era una patraña de los curas, que se lo habían inventado para amedrentarnos, para que soportáramos todas las injusticias, para tenernos sumisos ante los poderosos con la promesa de conseguir una parcelita aquí junto a Dios.
Desconozco el tiempo transcurrido hasta que finalicé la tarea. La pila de barro me recordó la montaña de libros que había formado en las librerías mi best seller La maldición de la nariz de La Esfinge de Gizeh. Entregué el manuscrito arcilloso al ángel y aproveché para preguntarle por qué hacían tantos aspavientos los señores con levitas y las señoras con orondos sombreros que se divisaban en la lejanía.
—Ahí les tienes, están troceando camellos —me respondió, y luego señaló un par de narices huérfanas que había entre los pétalos—, quieren hacerlos pasar por el ojo de la aguja.
—O sea, que además de existir Dios, se hizo hombre de palabra —afirmé asombrado.
—Tan cierto como que te debiste conformar con escribir libros de relatos de los Montes de Toledo, pero no, quisiste ser rico y famoso... ¡Anda, ve con ellos: escritor de narices amputadas!

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Narración: Susana Santamarina


Relato con el que he participado en la Convocatoria de Relatos "Con un par de narices", organizado por La Esfera Cultural. Formará parte de la edición de un libro, junto con otros 45 relatos más. Si queréis leer el relato ganador, los finalistas y el resto, pinchad aquí.

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La maldición de la nariz de La Esfinge de Gizeh, best seller que no encontrarás en librerías.