Lo
que más sorprendió a los delegados de las Naciones Unidas —que en está ocasión
tampoco llegaron a tiempo— fue no encontrar ningún arma, ni balas, ni
casquillos. En el campo de batalla, esparcidos entre los cuerpos de los soldados
de ambos bandos, se hallaron fotografías de las mujeres y de los hijos, cartas
a las novias, cantimploras, pañuelos, kipás, tasbihat, latas de sardinas y un fuerte olor a tomate frito. Hasta
tal extremo surgió la incredulidad de los observadores que los muertos, al
sentirse descubiertos, se levantaron y se marcharon abrazados a orar al único
Dios.
* * *
Este microrrelato ha sido
llevado por Pablo Garcinuño a su espacio "Literatura en corto" del
programa Hoy por hoy Ávila Cadena Ser.
Voy acompañando a otros amigos: Miguel ÁngelPergaz, Pablo Gonz y Manu Espada.
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